- Está ubicado en el km 75.800 de la carretera Iquitos Nauta.
- “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá” Salmos 27:10.
Para muchas personas el hogar de menores pasa desapercibido, incluso miles no conocerán de su existencia pese que al interior conserva y protege la existencia de 86 menores que por una u otra fatalidad del destino, no comparten vivencias con sus progenitores.
El ir y venir de los días, más el compañerismo que se respira en sus diversos ambientes, hacen pensar que la vida los está moldeando para que mañana más tarde sean personas de bien. Pese a las carencias materiales que se lucen por todos lados.
Una pequeña a falta de muñecas, juega haciendo una casita de palos y arena, quizá inconscientemente extrañando su casa. A sus padres. La vida envuelve todo, guste o no a los que estamos inmersos en ella. Pareciera que nadie les ha llevado a regalar mascarillas, por ello un agradecimiento grande a Dios en torno a la bajada de casos por la que nuevamente atraviesa Iquitos.
La Profesora Esperanza Hidalgo Guerra, directora encargada de la I.E 601586 Casa Hogar mi Refugio, narra un poco la historia de este albergue escolar.
“La Institución Educativa pertenece al Estado y se ha ubicado dentro del área del albergue que es una casa hogar por la necesidad que tienen los niños y los jóvenes de estudiar. Por eso se solicitó a la Ugel que tenga a bien crear el colegio, ellos antes estudiaban en Nauta y era un riesgo, además del gasto en pasajes. El colegio es inicial, primaria, hasta el 4to. año de secundaria.
Ellos están en calidad de abandono, por maltrato verbal, violencia física, diferentes niveles sociales, padres fallecidos. Acá tienen casa, comida, vestimenta, medicinas para cuando se enferman, se les atiende. Se sobrevive de donaciones” dice la directora a la par que recibía la donación de la consejera Janet Reátegui, quien les llevó una computadora nueva para que los escolares puedan avanzar en lo que es tecnología.
En un rápido recorrido se pudo ver en una loma el pabellón de los jóvenes que son cuidados por una persona instalada ahí con su familia. Igual en la zona de niñas y señoritas a quienes las cuida otra familia. Duermen en camarotes, aunque las sábanas se muestran bastante usadas por lo que bien agradecerían la entrega de nuevas. Igual la ropa que usan varios de ellos.
“Acá están bien cuidados y solo regresan a sus hogares en caso lo mande la fiscalía o el poder judicial, luego de cerciorarse que los padres hayan cambiado de actitud, o mejoras sociales que puedan brindarles un mejor existir. Solo si han cambiado pueden solicitar el retorno de sus hijos” narra doña Esperanza.
Ojalá y las personas que cuentan con movilidad y recursos, puedan llegar, como paseando un fin de semana, al refugio mencionado para que conozcan la realidad de los 86 menores y, por qué no, hacer entrega de donativos que les alegre el existir difícil que les ha tocado.









