Escribe: Jhon Rivas. Político-Analista
Bajo ese gris limeño y la mirada atenta de muchos peruanos que abrazan esperanza, se dio la asunción de mando de Keiko Fujimori el 28 de julio, muchos dicen, marca un hito histórico:
Porque es la primera mujer elegida por voto popular como presidenta del Perú.
Su discurso inaugural enfatizó la reconciliación nacional, la seguridad ciudadana y la estabilidad económica, en un país profundamente dividido tras una elección muy criticada y controvertido.
Keiko Fujimori ganó una elección muy ajustada con diferencia de apenas 50,000 votos frente al candidato izquierdista Roberto Sánchez, lo que refleja la polarización política del país.
Como primera presidenta mujer su elección representa un avance simbólico en términos de género, aunque su apellido sigue generando controversia por la herencia política de su padre, Alberto Fujimori.
Se puede rescatar que la llegada de una mujer a la presidencia puede fortalecer la representación femenina en política, aunque enfrenta al reto de demostrar independencia respecto al fujimorismo tradicional, que es un clamor ciudadano frente a la situación y confusa política que hoy nos dividió tanto.
Busca un impacto social con expectativa ciudadana, curando un poco la herida que genero resistencia en sectores de izquierda, movimientos sociales y defensores de derechos humanos.
Dio confianza y espíritu político altruista al juramentar y prometer defender la democracia, la independencia de poderes y la soberanía nacional, buscando contrarrestar los temores de estos últimos años de autoritarismo, que está asociado al fujimorismo, en sus comportamiento como bancada legislativa.
Hubo anuncios de lineamientos de gobierno en seguridad ciudadana, donde las Fuerzas Armadas asumirán temporalmente el control en zonas de emergencia para enfrentar el crimen organizado, junto con una reforma penitenciaria.
El incremento del salario mínimo en 15% (de 1,130 a 1,300 soles) acompañado de un bono compensatorio para micro y pequeñas empresas.
Llamó a esa tan anhelada unidad nacional, donde hay que superar divisiones políticas y sociales, convocando a gobernadores, empresarios, jóvenes y campesinos a trabajar juntos por el desarrollo nacional.
Pensó y planteó un plan nacional contra los efectos del fenómeno de El Niño, que amenaza con graves impactos en infraestructura y agricultura.
Si damos una mirada inicial, la asunción de Keiko Fujimori, combina un fuerte simbolismo histórico con retos inmediatos; pacificar un país polarizado, enfrentar la inseguridad y responder a la crisis climática; su estrategia de apelar a la unidad y reforzar la seguridad refleja tanto la urgencia social como la necesidad de legitimarse frente a una oposición desconfiada, sobre todo a una población que no dará tregua frente a los desafíos sociales, políticos y económicos que se vive; se hace urgente obrar con sabiduría y escoger los mejores cuadros en bien de una buena administración pública y no defraudar a un país que está en coma de desarrollo.
Nuestra región Loreto, requiere de confianza, vigilancia y capacidad de protesta ante lo adverso, estemos seguros que los cuatro diputados y el senador que nos representan, darán todo para buscar la solución de diversos problemas que por años minimizan nuestro desarrollo y nos quita oportunidades; energía eléctrica sostenible, interconexión nacional terrestre, agua potable y saneamiento, internet, trato especial en tributación, políticas especiales en migración y zonas de frontera, salud y educación con realidad regional, etc, hoy toca soñar juntos, toca unirnos, «no es una hoja en blanco» y busquemos a Dios para engrandecer nuestra patria chica llamada Loreto.





