La vida es distinta para todos, eso es una situación que lo vivimos en el día a día, pero quizás una de las etapas que marca para toda la vida es la escolaridad, y buen porcentaje de infantes en nuestro país han salteado la misma porque se tuvieron que dedicar a apoyar a sus familias, trabajando desde muy temprana edad, por lo que les dejaron sin cursar estudios básicos.
Estando en la etapa del inicio del año escolar, es reconfortante conocer que esos antes niños y actualmente adultos mayores, van tomando la decisión de cursar lo que en una época no pudieron realizarlo, por lo que no solamente los libera de un posible trauma infantil, sino que los ocupa en una actividad muy beneficiosa para el ciclo de vida en el que se encuentran.
Un artículo de Dany Seminario nos habla de ese otro segmento poblacional del inicio del año escolar, donde los estudiantes no son menores de edad, son adultos que el niño o niña que llevan dentro quiere cumplir sus sueños, la meta que quedó trunca y eso les llena ese vacío del alma, además de nuevos conocimientos de la actualidad.
En el artículo se informa que son más de 270 pensionistas de la Oficina de Normalización Previsional, quienes han decidido retomar los estudios de educación básica que en algún momento debieron abandonar por distintas circunstancias. En las aulas de educación alternativa, entre cuadernos, colores y ejercicios de lectura, adultos mayores vuelven a encontrarse con una etapa que creían cerrada, pero que hoy se abre como una nueva oportunidad para aprender y superarse.
Para muchos de ellos, el camino hacia la educación no fue sencillo. Historias de trabajo temprano, responsabilidades familiares o dificultades económicas marcaron su infancia y juventud, obligándolos a abandonar la escuela. Detrás de este proceso también hay docentes que han encontrado en la educación de adultos mayores una vocación especial. Son las aulas con respetables canas que deberían generalizarse en todos los espacios del país.
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Aula con canas
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