La reciente jornada por el Día Internacional del Agua en Iquitos dejó un mensaje que va más allá de una actividad simbólica. La siembra de un cedro y una lupuna en la plaza Sargento Lores representa un acto de resistencia frente al deterioro ambiental que amenaza a la Amazonía. No se trata solo de plantar árboles, sino de sembrar conciencia en una ciudad que convive diariamente con los efectos de la contaminación y la indiferencia.
Las palabras del profesor José Manuyama reflejan una preocupación creciente: la defensa del agua y de la vida ya no es tarea de unos pocos, sino una urgencia colectiva. Su metáfora del “mijano a contracorriente” describe con claridad la lucha de quienes, pese a las dificultades, siguen defendiendo el equilibrio natural frente a intereses que priorizan la explotación sin límites.
La elección de especies como la lupuna y el cedro no es casual. Ambas tienen un profundo valor cultural y espiritual en la Amazonía, además de su importancia ecológica. Convertirlas en símbolos de la ciudad es también un intento de reconectar a la población con sus raíces y con una visión de desarrollo más respetuosa con el entorno. Sin embargo, este gesto necesita respaldo institucional para no quedar solo en una acción pasajera.
El rol de las autoridades locales resulta clave. Si bien la iniciativa ciudadana es valiosa, corresponde a la municipalidad garantizar el cuidado y la preservación de estos árboles, así como promover políticas sostenibles que protejan los recursos naturales. Sin ese compromiso, cualquier esfuerzo corre el riesgo de diluirse con el tiempo.
De cara al próximo Día Mundial del Medio Ambiente, el llamado es claro: recuperar no solo la Amazonía, sino también el sentido común frente a la crisis ambiental. La defensa del agua y del bosque no admite postergaciones. Lo que está en juego no es solo un territorio, sino el futuro mismo de la humanidad.
Lo Último
Actividad simbólica
Date:





