- Visita pastoral del papa Francisco a Cuba y Estados Unidos:
Por: Adolfo Ramírez del Aguila
arda1982@yahoo.com
El título de este artículo, es un trozo de la letra de una antigua canción de la “Sonora Matancera”, dedicada a la capital cubana. Le cae bien al papa Francisco, que ya está en la Habana y otras ciudades de la isla caribeña (desde el sábado 19 hasta el martes 22 de setiembre). Completará su periplo pastoral, visitando seguidamente al país del Tío Sam, Estados Unidos de Norteamérica (llegará el martes 22 y estará hasta el domingo 27 de setiembre). Toda una semana completita dedicada a nuestra América norteña y caribeña.
Estuve revisando los artículos y reportes periodísticos que resaltan la nueva visita papal. Todos coinciden, que el “Efecto Francisco” ya no es un fenómeno solo de tipo religioso, sino que abarca también el delicado plano político-social y hasta la sensible dimensión diplomática. Con respecto a este último aspecto, desde diciembre del año pasado, Cuba y Estados Unidos de Norteamérica, dieron los primeros pasos para el restablecimiento de sus relaciones bilaterales, rotas hace más de medio siglo. Después de 56 años de enemistad política, paulatinamente, estos dos pueblos divididos por una histórica lucha ideológica, van tendiendo puentes de hermandad internacional. Este milagro en gran parte, se debe a la intermediación del papado católico.
Indudablemente, esta nueva visita pastoral a la isla, tiene connotaciones especiales, pues, Jorge Mario Bergoglio, el papa argentino, fue testigo de excepción de los procesos históricos que han vivido estos dos pueblos del continente americano. Conoce sin intermediarios, la lucha ideológica que costó la vida de muchos seres humanos durante la belicosa Guerra Fría (1947-1989). Un enfrentamiento entre el comunismo pro-Moscú, versus el capitalismo pro-Washington, que involucró a casi todos los países del mundo entero. Nuestro país, el Perú, siempre estuvo alienado con el capitalismo norteamericano, salvo el periodo socialista militar del gobierno de Juan Velasco Alvarado.
El movimiento revolucionario cubano (1953-1958) liderado por los hermanos Castro, junto a otros guerrilleros internacionales como el argentino Ernesto Che Guevara, se alimentaron de las teorías marxistas-leninistas importadas de la URSS y tomaron las armas para derrocar al gobierno de Fulgencio Batista, que no pudo evitar su caída a pesar de la ayuda militar “Made in USA”. La pequeña isla, frente al gigante norteamericano (David contra Goliat), se atrevió a independizarse, en las mismísimas narices del coloso país sheriff del mundo contemporáneo.
Tras la larga historia de más de 50 años de revolución versus contrarrevolución, de pro-castrismo versus anti-castrismo, de liberación versus conspiración, todo hacía indicar, que Estados Unidos nunca perdonaría a Cuba por su atrevimiento a ser un país libre. Hasta que la intervención papal, hizo el milagro que ahora verificamos: la reconciliación de dos pueblos, con diferentes maneras de pensar y actuar político-ideológico.
Es hidalgo reconocer, que el acercamiento cubano-norteamericano, ya se venía preparando desde hace mucho tiempo. La Iglesia y su Magisterio Social, supieron leer oportunamente los signos de los tiempos, en donde se interpretaba meridianamente, que las diferencias ideológicas de los hombres, no deberían de ser impedimentos en la construcción de una nueva humanidad civilizada. El papa Juan Pablo II, así lo visionó y fue el primer peregrino de la fe que visitó Cuba en el año 1998, cuando Fidel Castro, aún gobernaba la isla. Eran tiempos de la post caída del Muro de Berlín (1989 en adelante), o sea ya se habían derrumbado los regímenes socialistas de Europa Oriental, en especial la Unión Soviética, gran aliada de la revolución cubana.
La primera visita de un jerarca católico, fue una gran demostración de la tolerancia religiosa y hasta política que hizo la Cuba comunista ante la visita de Juan Pablo II, de conocida posición anticomunista. En esa visita, el papa polaco, pidió naturalmente, mayores libertades individuales y sociales en el país caribeño; también pidió, «que Cuba se abra con todas sus magníficas posibilidades al mundo y que el mundo se abra a Cuba» (discurso en la ceremonia de llegada 21-1-1998, 5).
Luego llegó Benedicto XVI, en el 2012, a un año antes de su renuncia como obispo de Roma. El papa alemán, llegó a la isla en circunstancias muy distintas a la de su antecesor; se presentó como el “peregrino de la caridad” por ser ese momento, el año jubilar de los 400 años del hallazgo de la patrona del país, la Virgen de la Caridad del Cobre. Las relaciones Iglesia-Estado, gozaban de buena salud, pues eran ya tiempos de Raúl Castro, el hermano de Fidel en la dirección del país. En esa histórica visita se percibía ya mucha más apertura y tolerancia a lo religioso y también a lo político. Benedicto XVI, pidió mayores libertades; y sorpresivamente, criticó el embargo de Estados Unidos a Cuba. Abogó por la reconciliación de los cubanos de dentro y fuera de la isla.
Finalmente, para cosechar en cierta manera la obra de sus predecesores, llega el papa Francisco. Con su visita, intentará concretar el sueño de un mundo más unido en su diversidad, más tolerante en su pluridad ideológica. Abogará por una paz con justicia social, por mayores libertades democráticas, pero también por necesarias libertades económicas, en el marco internacional del respeto por la autonomía y libre determinación de los pueblos, sin condicionamientos ni interferencias de ningún país extranjero. Hace poco, Washington anunció como un gesto concreto de bienvenida al papa Francisco, el levantamiento paulatino del embargo económico a la castigada Cuba, que resistió heroicamente este inhumano bloqueo.
Que esta nueva visita de Francisco, como “peregrino de la misericordia” (preparando con gestos concretos el Año Jubilar que se iniciará este 08 de diciembre) nos traiga la justicia, la paz, el amor y la reconciliación entre personas y también entre los países. Que Dios padre bueno de todos los pueblos, bendiga este gran apostolado del taita panchito. Amén.





