CPC Carlomagno Grández Vásquez

Dentro de las revoluciones que se dieron en nuestra región, por lo menos dos fueron los movimientos revolucionarios insurgentes y federalistas acontecidos de mayor trascendencia. Fueron como expresión de protesta y rechazo contra la indiferencia, el desdén y el menosprecio del centralismo que mantenía en total abandono a la población de Loreto y a sus instituciones militares y policiales, pese a la riqueza que generaba la explotación de sus recursos naturales más valiosos como el caucho, que significó más del 25 por ciento de las exportaciones nacionales y un porcentaje elevado del Presupuesto Fiscal.

Los citados pronunciamientos, contrariamente a la especie elaborada por algunos analistas, no tuvieron ninguna intención separatista. Sólo aspiraron a establecer un sistema justo de independencia y autonomía de las regiones contra el llamado “orden constituido” que no era otra cosa que un asfixiante centralismo, hasta hoy no terminado de la indiferencia capitalina, el desprecio de los inquilinos de palacio de gobierno y el abandono en que mantuvieron a los servidores públicos, a las tropas de las guarniciones en la Amazonía, a las que se les mantenía durante meses sin pagarles sus sueldos y salarios.

De aquellas  manifestaciones han transcurrido muchos años, pero la situación no ha variado mucho. Por ello bueno es recordar acontecimientos históricos que han sembrado y construido hitos imborrables como las dos acciones revolucionarias. De ellas, las más notables por cuanto lograron constituir gobiernos federales si bien independientes y autónomas, pero respetuosas de la unidad de la República sin ningún atisbo separatista, tal como interesadamente refieren algunas mentes poco enteradas y también mal intencionadas.

Estas dos revoluciones fueron las más trascendentes que desembocaron en la organización de estados federales, presididos por juntas de gobierno: la primera, en 1895,  comandada por Ricardo Seminario y Aramburu y Mariano José Madueño, y la segunda, por Guillermo Cervantes, en 1921. Hubo otros conatos revolucionarios sin mucha repercusión. Todas ellos se inspiraron en ideas renovadoras descentralizadoras como expresión de repudio a la política de concentración del poder en Lima.

PRIMER GOBIERNO FEDERAL DEL  PERÚ CON SEDE EN IQUITOS

El 2 de mayo de 1896, Ricardo Seminario y Aramburu y Mariano José Madueño, proclamaron el Estado Federal de Loreto como parte del nuevo Sistema Federal del Perú, sustento del programa de gobierno de Nicolás de Piérola, expresado con efusión durante su campaña electoral de 1895.

Consecuente con él, Seminario lo puso en ejecución tratando de iniciarlo con el primer gobierno federal, a manera de un modelo piloto, porque además así lo exigían las condiciones políticas, económicas y sociales de Loreto. Se  habían acumulado problemas vitales, y el descontento era general. Ricardo Seminario y Aramburu fue un colaborador de confianza del presidente Piérola, quien en su plataforma electoral había prometido modificar la estructura política del Perú e instaurar el sistema de estados federales autónomos con el fin de lograr el desarrollo integral del país. El presidente Piérola proclive a entenderse con las clases plutocráticas, no vio mejor oportunidad para desconocer y negar su proclama descentralizadora, cediendo a las imposiciones de la oligarquía limeña y terminó por perseguir encarnizadamente a Seminario, ordenó combatir y derrocar a los revolucionarios de Iquitos. Envió a Iquitos, en la nave de guerra “Constitución”, 292 soldados armados utilizando la procelosa ruta del Estrecho de Magallanes. La decisión de Piérola estaba definida y demostró con ello la renuncia a sus proclamadas convicciones patrióticas originales durante su campaña electoral. Ricardo Seminario  no pudo contra los grupos interesados de Lima y terminó perseguido. El gobierno federal sólo tuvo vigencia durante algunos meses al haber sido sofocado por las fuerzas del ejército.

SEGUNDO GOBIERNO FEDERAL

El 5 de agosto de 1921, Iquitos se convirtió, nuevamente, en la capital del nuevo estado federal, anunciada con la elocuencia de las descargas de cañones y fusiles a tiempo de publicar la proclama de Guillermo Cervantes, líder de tan espectacular movimiento revolucionario efectuado con relativo éxito.

El comando explicó en un manifiesto las causas del movimiento, entre ellas, la traición de Leguía a favor de Colombia, más tarde consumada con el tratado Salomón Lozano; luego el abandono económico y social de la región, el desprecio por la población y por los servidores civiles y militares a  los que no se les pagaba sus sueldos durante dos años, entre otras tropelías. Los revolucionarios, sin embargo, no pudieron de inmediato, satisfacer las desesperadas pero justas exigencias del pueblo, puesto que las arcas de la Caja de Depósitos y Consignaciones, la Aduana y los bancos estaban vacías. El gobierno les había suspendido los  presupuestos y les sometió al aislamiento. Estas poderosas razones  los obligó a adoptar actitudes extremas, como las de acuñar moneda. La etapa del gobierno federalista duró poco más de cinco meses, desde agosto de 1921 hasta enero de 1922, pues, las tropas enviadas de Lima lo sofocaron después de no pocos combates sangrientos en diversos escenarios  con las consiguientes pérdidas de vidas.

Loreto fue el único departamento, en toda la historia peruana, que contó transitoriamente con  moneda propia obligado por las terribles consecuencias derivadas del perverso abandono al que fue sometido por el gobierno central, especialmente por el de Leguía. La circulación provisional de billetes de la nueva moneda no comenzó desde el momento en que se instauró el gobierno revolucionario de Cervantes, sino después de haber agotado una serie de medidas orientadas a pagar los sueldos de los servidores públicos, de los oficiales y soldados de las guarniciones del Oriente Peruano, a quienes se les mantuvo impagos durante muchos meses, pese a que Loreto se había convertido en el más efectivo contribuyente del Fisco, precisamente, la revolución fue la respuesta a ese grave estado de abandono al que se le sometió.

La permanente situación de angustia que soportaban los empleados públicos y la población en general, se volvió insostenible cuando con el propósito de ahogar la revolución, la tiranía arreció con furia sus represalias contra el pueblo de Loreto, le suspendió definitivamente el envío de presupuesto y no había manera de pagar ni los más elementales servicios públicos: salud, medicinas, etc. Agotados los ingresos fiscales, debido al bloqueo de las operaciones comerciales, los bancos estaban vacíos, el comercio exterior quedó paralizado como consecuencia del cierre del puerto de Iquitos, ordenado por la tiranía de Leguía. En el enjundioso relato de Samuel Torres Videla, uno de los protagonistas de aquella revolución, en su libro “La Revolución de Iquitos”, describe los esfuerzos denodados del comando revolucionario con el fin de proveerse de dinero, habiendo recurrido a todos los medios, hasta el forzado préstamo obtenido de los fondos del Banco del Perú y Londres, después haber agotado las arcas de la Aduana, la Tesorería Fiscal, la Caja de Depósitos y Consignaciones, etc. En la página 173 de su libro trascribe el texto del  decreto del 1 de octubre de 1921, en el que expresa, que dada la emergencia se vio obligado a emitir moneda, y la primera emisión ascendió a la cantidad de cincuenta mil libras de oro, en billetes de media libra, una libra y cinco libras con el respaldo y garantía de los presupuestos que adeudaba el Estado al departamento de Loreto. Posteriormente la emisión fue por cien mil libras más. Los billetes tenían el carácter de provisionales y fueron denominados por el pueblo como “cervantinos” haciendo referencia al apellido de Guillermo Cervantes, inspirador de la revolución federalista. La  situación se normalizó hasta que las tropas enviadas por el tirano Leguía se impusieron por su superioridad numérica y bélica y emprendieron una feroz persecución contra los gestores de la revolución.

Así el gobierno federal llegó a su fin, y las represalias contra sus  integrantes y adeptos se intensificaron con agresividad no usada ni siquiera contra los enemigos de la patria. Los gestores de la revolución se vieron impelidos a salir del territorio peruano utilizando embarcaciones frágiles y todos los medios a su alcance, a fin de ponerse a buen recaudo y escapar de la feroz persecución de la que eran objeto por parte del tirano de Leguía. Tuvo que transcurrir un tiempo para que se calmaran los ánimos en la población desconsolada que ya había perdido la fe en los gobiernos peruanos y que también vieron escaparse de sus manos la gran oportunidad de  poder dirigir sus propios destinos.

Pero a pesar del tiempo transcurrido, más de ciento diecisiete años de la revolución de Seminario y a noventa y dos años  de Cervantes, la situación de la región Loreto sigue igual y peor aún; al asfixiante centralismo limeño se suma la indiferencia de nuestras autoridades que no hace ninguna obra trascendente o de gran magnitud que favorezca al pueblo. La única obra grande que está haciendo el Gobierno Regional es el alcantarillado, la misma que tiene problemas y está judicializado debido a las denuncias sobre malos manejos en el mismo. Se hace necesaria la aparición de un nuevo Seminario o Cervantes para corregir todo esta cadena de corrupción que existe en nuestras autoridades, así como de las otras encargadas de administrar justicia; la región Loreto viene percibiendo más de mil quinientos millones de dólares desde más de cuarenta años por concepto de canon petrolero y miren como está nuestra ciudad y ni qué hablar de toda la región, todos aspiran llegar al poder para enriquecerse y repartirse los fondos del erario público como si fuera un botín; constantemente nos enteramos de actos de corrupción en las diferentes instituciones públicas y nuestras autoridades poco o nada las importa. En estas elecciones que se avecinan, debemos elegir a un Seminario o a un Cervantes que verdaderamente trabajen por las necesidades del pueblo y que sean los primeros en liderar una protesta contra alguna injusticia y no se coludan con los delincuentes; desterremos a los fariseos políticos que prometen y una vez en el poder se olvidan de sus promesas.

¡Viva Seminario, viva Cervantes, fomentemos una verdadera revolución con un cambio auténtico para nuestra región!