- La muerte del Suboficial Ríos revela la grave falta de seguridad en los PIR de Loreto.



La trágica muerte del suboficial de tercera de la Policía Nacional del Perú (PNP), Fernando Ríos López (33), ha puesto en evidencia la alarmante precariedad en la que muchos agentes policiales cumplen su labor en la región Loreto. El joven efectivo fue mortalmente apuñalado mientras intervenía un caso de violencia familiar en el Puesto de Intervención Rápida (PIR) del kilómetro 3 de la carretera Iquitos-Nauta, cuando se encontraba completamente solo.
Este hecho ha encendido las alertas sobre las decisiones operativas tomadas por el general Glenn Anthony García Chávez, jefe de la Región Policial Loreto, especialmente la polémica estrategia de asignar un solo agente por PIR o punto crítico en la ciudad. Tal medida no solo pone en riesgo la vida del personal policial, sino que limita seriamente su capacidad de respuesta ante situaciones de alta tensión y pone en peligro a la ciudadanía.
La intervención que acabó con la vida del suboficial Ríos no es un caso aislado. En diversos sectores de Loreto, los agentes patrullan o atienden emergencias sin el respaldo mínimo necesario. La decisión de dividir escaso personal en múltiples puntos, dejando a efectivos aislados, se traduce en intervenciones sumamente peligrosas y en ocasiones, fatales.
A esto se suma la carencia de infraestructura adecuada, equipamiento deficiente y falta de apoyo logístico, especialmente en zonas alejadas o de difícil acceso. Estas condiciones no solo dificultan el trabajo policial, sino que aumentan su vulnerabilidad frente a la delincuencia y los conflictos sociales.
La familia del suboficial Ríos y sus compañeros de unidad exigen justicia y, sobre todo, que se tomen medidas reales para evitar que otra vida policial se pierda por la falta de planificación o recursos.
Es urgente que la PNP replantee su estrategia de despliegue en Loreto. Se requiere un análisis técnico serio que identifique los puntos más conflictivos, determine el número adecuado de efectivos por turno y priorice su seguridad. Ningún policía debe patrullar solo. Ningún policía debe morir desamparado.
La muerte de Fernando Ríos López debe ser un llamado a la acción. Su entrega y sacrificio no pueden quedar en vano ni ser considerados parte del “riesgo del oficio”. La seguridad de los policías es tan importante como la de cualquier ciudadano. Protegerlos no solo es un deber institucional, es un acto de respeto hacia quienes enfrentan, todos los días, al crimen y al peligro.
(C. Ampuero)





