ál va a ser la trascendencia”. Ha dicho el asesor indígena de las cinco cuencas José Fachín Ruiz, en torno a la reunión que se inicia hoy en la ciudad de Nauta, con representantes de la Presidencia del Concejo de Ministros, y aseguró que si no hay puntos concretos, será la última reunión, es más hasta piensan que podrían retirarse, prácticamente rompiendo el diálogo.
En realidad a lo largo de más de un año, desde que se firmó una de las actas más importantes por ser la más completa en lo que a lista de exigencias de los pueblos indígenas se refiere, fue el Acta de Saramurillo. Y que si bien existen dos bloques de las cuatro y de las cinco cuencas, las exigencias en base a sus derechos son similares en el fondo, aunque con diferencias en ciertas formas.
En ese trazo del camino, lo que se puede decir hubo un logro conjunto fue haber logrado la atención de las autoridades del gobierno central, que respondieron, al parecer, más por temor a un nuevo Baguazo y la vergüenza internacional, más que a estar convencidos de la necesidad de atender a las comunidades afectadas por derrames de petróleo.
Esto se puede notar en las respuestas, incluso hasta ahora en determinados temas, venidas desde nuestras autoridades nacionales cuando señalan que se dan las atenciones necesarias a las poblaciones indígenas, que hay agua limpia, que hay postas, hay personal médico, que tienen suficiente medicinas, que se dan una serie de proyectos de desarrollo a favor de las comunidades de la zona de influencia petrolera.
Hemos tenido la oportunidad de estar en algunas zonas petroleras de nuestra región Loreto, y se pudo ver la forma coordinada como trabajan en varios proyectos, como las empresas comunales en Andoas, las piscigranjas, pero parece que el error fue hacer cosas sueltas y no planes integrales que den sostenibilidad a sus iniciativas.
El mismo problema que tenemos en las ciudades cuando se habla de proyectos que se cumplen para el momento y un poco más, pero no son sostenibles en el tiempo y tienden a debilitarse hasta prácticamente desaparecer, entonces tenemos la sensación de que no se ha hecho, ni se hace nada, porque todo vuelve prácticamente a fojas cero, a un principio, como si no se hubiera empezado con algo.
Se habla de 30 a 40 años más de explotación petrolera hasta que se acaben las reservas encontradas, pero también hay una gran duda de si seguir o no con este negocio del erario nacional, o girar a otros rubros como los negocios ambientales y el turismo en sus diversas formas en armonía con la naturaleza.
Las federaciones indígenas ya lo tienen claro, que si no hay compromisos en base a planse serios y ejecutables, la situación caótica en sus jurisdicciones no variará mucho, más aún con un Oleoducto Nor Peruano que se corroe y sigue contaminando. Por lo que exigen también el cambio de la tubería que esta vetusta, tras más de 40 años de uso. El fierro también tiene su tiempo de vida y la corrosión sigue afectando nuestra naturaleza fuente de vida.
El tema es que en la ciudad nos creemos libres de estos efectos contaminantes, y la verdad que estamos muy equivocados, por tanto el tema planteado por los indígenas, debería estar en la agenda de mestizos también.
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