- La nueva novela amazónica peruana: “Comedia de las armas”, de Percy Vílchez Vela
La sátira en la narrativa peruana es uno de las manifestaciones que poco han sido cultivada, o por decirlo de este modo, no podemos recordar alguna gran novela satírica que representa a la novela peruana con gran orgullo. Valdelomar, Bryce, Mario Vargas Llosa y Jaime Bayly han sido seducidos por esta forma de manifestación en la novela, pero nuevamente, desde la Amazonía, se tienta a que la sátira se convierta en una manifestación novelesca que represente también la dura realidad que es el Perú y la Amazonía.
Comedia de las armas es la historia del destino grotesco, absurdo y solitario de un extremista, de un revolucionario fracasado, de un terrorista glotón, de nombre Florindo Alván, o comandante, alias “Caimito”. Por primera vez desde la novela amazónica y peruana, injertando a la creatividad ficcionaria, Vílchez recrea la vida fracasada de un miembro del grupo terrorista Sendero luminoso, hasta llevarlo a la caricatura cruda, a la ridiculez, inaugurando la novela satírica sobre violencia en la Amazonía, e incluyendo en el Perú una nueva vertiente de la sátira en la novela al ridiculizar la violencia en el Perú, el terrorismo que hizo tanto daño al país, como una nueva forma de manifestación contra la revoluciones trasnochadas, contra los caudillos de medio pelo, contra los comandantes glotones y haraganes.
Con Comedias de las armas, Percy Vílchez no pretende distorsionar ni malear la verdadera intensidad y gravedad que fue la existencia del Sendero luminoso en el país, sino que, al ridiculizarla, lo empequeñece a ese espíritu trasnochado, y resalta el mismo fracaso de aquella guerra, que por entonces no llegó a tocar parte de la Amazonía peruana, pero que al igual fue un duro golpe para el país. Mediante su estilo edificante Comedia de las armas reviste con habilidad de novelista innato el rechazo al horror y al vicio de las revoluciones caudillista y absurdas, a esos proyectos de terror fallido, sin necesidad de recurrir a caricaturizar a personajes que se sienten aludidos en la realidad, ya que Vílchez muestra gran habilidad para crear personajes y que recurre a esos “egos experimentales” (como lo llama Kundera a los personajes ficticio que no son creados desde la experiencia de la realidad), para crear una maravilla de personaje que es el comandante “Caimito”, que seguramente el lector gozará de su falsa rebeldía, de su glotonesca existencia, de una creativa y divertida novela.





