Parece el estribillo de una conocida canción, pero es lo que se puede exclamar al ver tantas pistas con poco tiempo de construcción que se agrietan y aparecen forados que necesitan urgente reparación. Al mirar de cerca algunas arterias se puede observar cómo ha cedido desde el asfalto, pasando por el concreto, se ve arena y tubos, con forados que se agrandan por el derrumbe de la tierra interna.
Y se genera un escenario que la actual gestión observa a la anterior por el “mal trabajo”, y ésta anterior ahora criticada, en su momento criticó al que lo antecedió también por la pésima obra. Se está dando un nuevo círculo vicioso, y las empresas supervisoras están libres de polvo y paja, no vieron nada, no observaron nada irregular, en este caso en los materiales utilizados para que una obra al poco tiempo se deteriore. Este mal trabajo de las supervisoras parece está libre de sanciones.
La Contraloría tampoco tendría la capacidad de prevenir en el momento, ya que los informes empiezan a salir cuando las gestiones ya han terminado. Aunque en una oportunidad nos enteramos que ello ha cambiado y las observaciones se dan en el tiempo real. La figura es que se puedan dar y prácticamente alertar en el momento que se cometen las irregularidades, empezando por la bendita supervisión de las obras que no ven lo malo que ocurren en los procesos constructivos, entonces ¿para qué están? Y la fiscalía de prevención del delito, podría actuar.
Pero, todo se conoce tan a destiempo en nuestro muy defectuoso sistema de gobierno, que la reparación de los daños al final le sigue costando al propio Estado a través de las gestiones de turno municipales o de gobernaciones.
La ley de contrataciones tendría que modificarse para contemplar estas nuevas formas de robos (con construcciones peligrosas), y ser más drásticos en las sanciones a los responsables que actúan en contubernio, nadie ve nada, solo cuando las edificaciones empiezan a derrumbarse se comprueba lo malo de las construcciones.
El colmo de las mafias de la construcción formal, es que ni siquiera les importa la vida de quienes van a ocupar esos espacios, como sucedió con el colegio Rosa Agustina y su piso de un segundo nivel que se movía casi como una hamaca, y lo recientemente ocurrido con el colegio de Santo Tomás, también con fallas que lo pueden traerse abajo.
El terrorismo blanco de las organizaciones criminales que le roban al Estado sigue pasando disimulado, a pesar que se sabe muy bien que esas fugas millonarias de dinero que fluye ilícitamente hacen que el desarrollo del país se trunque, así aumenta el desempleo, el hambre, la desnutrición, la anemia, la pésima educación, etc., y por supuesto la delincuencia, que no se justifica, pero es parte de las causas en el marco de los males sociales.