Esta palabra nos lleva a varios temas de actualidad. Para empezar, hemos iniciado el mes de julio, el séptimo mes del año, el mes del aniversario patrio, el mes del homenaje a los maestros del país, el mes en que deberíamos estar esperando una ceremonia de cambio de gobierno nacional, pero estamos frente a una especie de tensa calma.
El aniversario de nuestro país se muestra además dudoso en el sentido de que no sabemos que nos deparan los próximos días, mientras el proceso electoral se siga mostrando entrampado por las peticiones de la agrupación Fuerza Popular, que le sigue poniendo agendas a las autoridades electorales.
Esto tiene que llegar a su fin y que se resuelva en el marco de la autonomía de las entidades electorales. Ya desde hace mucho sabíamos de lo vulnerable que es nuestra propia Constitución Política y por consiguiente de las leyes que la nutren y la desconciertan, también.
Todo lo que tenga que venir para adelante debe de resolverse en base a las normativas que tenemos, que, si bien nada es perfecto, lo que tenemos para la base de la gobernanza ha sido muy manoseada por los grupos de poder de turno, que ahora esto mismo se vuelve en contra de la unidad de todo el país, pero son las herramientas que tenemos y se tiene que sostenerlas, firmes.
En tanto que la ciudadanía se muestra preocupada en sus quehaceres cotidianos, pero esperando un desenlace que nos fortalezca como país en relación al respeto que se merecen las instituciones, cuales fueran los resultados finales de las recientes elecciones generales, que contó con observadores locales e internacionales.
Las situaciones que se están presentando no hacen más que hacernos notar nuestra débil democracia, pero el país que está respecto a preferencias de las candidaturas presidenciales, prácticamente dividida en dos, debe enrumbarse en la figura del interés común y activar el monitoreo a la gestión presidencial cualesquiera que ingrese.
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Tensa calma
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