La situación del Hospital Regional ya no admite excusas ni justificaciones. A pesar de que desde la dirección se insiste en desacreditar las denuncias, lo cierto es que los problemas son visibles, recurrentes y afectan directamente a los pacientes. Negarlos solo agrava la crisis.
Ninguna institución puede sostenerse si depende únicamente de una persona. El director Jehoshua López debe entender que la gestión eficiente pasa por rodearse de profesionales capaces, con vocación de servicio y sensibilidad frente a la realidad de los usuarios. No se trata solo de administrar, sino de garantizar atención digna, más aún cuando se trata de servicios financiados por el Estado a través del SIS.
Las quejas sobre la atención en laboratorio reflejan una preocupante falta de compromiso. Pacientes esperando largos minutos, incluso en camilla, mientras algunos trabajadores priorizan actividades personales, es una imagen que no debería repetirse en ningún centro de salud. La empatía no puede ser opcional en un hospital.
Más grave aún es el problema del agua. A pesar de los contratos realizados en 2025 para mejorar el sistema, hoy se reporta agua salada, turbia y con arena. Es inaceptable que un hospital opere en esas condiciones. Los recursos públicos invertidos deben traducirse en resultados, no en sospechas ni deficiencias.
La salud no puede esperar. Se requiere supervisión real, control efectivo y decisiones inmediatas. La población no necesita explicaciones, necesita soluciones.
Lo Último
Supervisión urgente
Date:





