Por: Selva Morey Ríos
Docente de la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana
No es posible sustraerse al ambiente que se está viviendo. Luchas internas, descubrimientos nefastos que atentan contra nuestra insolvente economía; lesiones a nuestra integridad física y emocional; evidencias de comprobados hechos de corrupción. Este orden de cosas abarca todos los cerebros a nivel nacional y sobre todo en la comunidad local; no hay quien se libre de su influencia y los comentarios abiertos o soterrados ocasionan fácilmente un clima tóxico, nocivo, para las relaciones interpersonales, laborales, familiares. Así de polarizados están los ánimos. Por ello evitaba escribir estas líneas que ahora acometo con cautela, tino, cordura, salvando el humano desborde en las apreciaciones, pero con un enfoque personal que espero pueda aportar con objetividad e imparcialidad el analizar de esta problemática tan difícil, tan viral, tan sostenida, que ha dañado la frágil salud emocional de este pueblo otrora tranquilo, confiado, tolerante.
Por mucho que el tema esté manoseado, pues ya experimentamos en la comunidad largo tiempo de esta situación estresante, es preciso ensayar una opinión. Las personas somos testigos de los avatares que se vive en la ciudad de Iquitos, con profundo desconcierto por los problemas que el proceso de la descentralización ha acarreado, y los perjuicios que devienen de la actuación anómala de los responsables de llevarla a efecto: manejo inadecuado de fondos otorgados por el gobierno central a las regiones; licitaciones fraudulentas; compras sobrevaloradas; nepotismo; tráfico de influencias, etc.; en resumen: hechos dolosos por donde se mire o por lo menos sospecha de los mismos, hasta que se investigue y se sancione como debe ser a quienes defraudaron la confianza de los pueblos, de nuestra ciudad. Pero, ciertamente lo que no debemos permitir es que se estrese a la población, que se la segmente para fines partidarios o particulares, que se la enfrente en una lucha fratricida solo para satisfacer apetitos personales o de grupo. Iquitos, es un pueblo enfermo, polarizado, desconfiado; también es una urbe cosmopolita variopinta y sin destino para los migrantes jóvenes, a quienes todo les falta, empezando por un futuro digno a partir de la educación y el trabajo. Nuestros esfuerzos deben estar encaminados a mejorar, inicialmente, nuestras relaciones interpersonales; nuestras expectativas de desarrollo con aporte y trabajo; nuestra visión proyectada al desarrollo integral de la comunidad. Para esta tarea necesitamos líderes, personas definidas en sus propósitos y metas para contribuir a estos logros. Personas que sirvan con sus potencialidades en la oportunidad que la vida les otorga, porque el dicho que reza: Quien no vive para servir no sirve para vivir, es de una gran profundidad y veracidad. En resumen, necesitamos hombres y mujeres probos, no charlatanes que endilgan con bonitas palabras o promesas que saben nunca las cumplirán; gente firme, decidida y valiente para construir, para trabajar para los demás; que dicho sea de paso es su obligación, su deber y compromiso.
Las elecciones, por voto popular, para elegir a nuestras autoridades es un proceso valioso, democrático, equitativo, para decidir; mediante el conocimiento de las mejores alternativas, a quienes nos gobernarán. Dependerá, sin la menor duda, de nuestra elección para garantizar que las metas y aspiraciones se realicen con el beneplácito y la satisfacción de los electores, del pueblo. Este importante paso lo practicamos en su momento, solo que hay que conocer a quiénes daremos nuestra confianza, en quiénes depositamos nuestros anhelos. Ese conocimiento no debe basarse únicamente en los carteles que pueda mostrar el candidato, sino más bien en su trayectoria como ser humano, como vecino, como padre o madre de familia, como trabajador. No olvidemos que la formación humana nace en casa. Cierto es que con el tiempo actual ha cambiado mucho el perfil de la familia y su desempeño hogareño; son los gajes de la modernidad que vivimos; pero como dice el refrán “quien quiere celeste que le cueste”, hay que trabajar más en la construcción de la familia, en los valores, para garantizar mejores hombres y mujeres para la nación. Así y solo así, podremos decir, las generaciones que vamos pasando, que cumplimos con el legado a los que nos suceden, de mejores formas de vida, con paz, bienestar y solidaridad. ¿Se podrá lograr algún día?





