Por la década de los 80 tas, para las elecciones sea al gobierno nacional como municipal ya se escuchaba con bastante fuerza la idea de que la militancia que apoya a equis partido político, si este gana, tendrá un empleo durante la gestión.
Entonces mucha gente empezó a “meterse en política” con la esperanza de obtener un empleo de lo que sea porque “serían los de la gestión”. Y esto se vino cumpliendo como los recordados “tarjetazos” cuando ganó el Apra y las “recomendaciones” durante la gestión de candidatos de Acción Popular, y otros hasta la actualidad.
Es así que en los interiores de las entidades se formaban los grupos de los de gestión y los nombrados, u otros trabajadores que sin ser nombrados por ciertas leyes gozaban de una estabilidad, algo así como permanencia.
En esas épocas algunas voces comentaban que se estaba confundiendo o hasta distorsionando la figura de un ciudadano que luego de ser candidato y que postula por una agrupación política, al ganar y asumir su investidura se convierte en la autoridad de todos indistintamente de colores políticos. Hasta ahí llegó la participación partidaria política, y no es la idea ejercer presión para inventar puestos de trabajo para los partidarios perjudicando a la entidad, ni presionar para entorpecer decisiones técnicas.
Pero, los ganadores lo tomaban y hasta ahora sucede, como que al llegar a ganar e ingresar a funciones, la agrupación política se convierte como la dueña temporal de la entidad, dejando débil a la institucionalidad que es puesta a los intereses del partido político dejando en el segundo hasta tercer plano los objetivo de las entidades cuya razón de ser son los ciudadanos, todos sin distinción.
Por lo visto, se ha distorsionado y extralimitado el aporte del partido ganador, convirtiéndole en un ente de poder sobre la institucionalidad. Esto se debe corregir y ya. El presidente, el gobernador, el alcalde ejerce su gobierno para todos y todos podemos ser convocados seamos o no del partido que lo llevó a ganar en las elecciones.
Si bien esto se ha venido dando a través de los invitados, la influencia de la agrupación y sus líderes no están, ni deben estar, al nivel de poder de quien fue elegido. Por eso nos parece vital que el ministro de Economía, Pedro Francke, se haya referido al tema resaltando la necesidad “de tener una separación clara entre el gobierno y el partido, reconociendo que este es una base política indispensable siempre que la apuesta sea concertar y fortalecer la democracia”, por tanto la institucionalidad.
Además, confirmó “un rumbo económico que asegure progreso con justicia para todos”, con un manejo responsable de la política económica del país.
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Separación gobierno – partido
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