Tal como lo había anunciado hace unos días, la congresista Marisol Pérez Tello llegó a Iquitos junto a la parlamentaria Verónika Mendoza, Federico Pariona y Eduardo Nayap, para liderar la sesión descentralizada de la Comisión de Pueblos del Congreso que todos ellos integran.
¿El tema principal? Evaluar las denuncias concernientes a la problemática socio ambiental de las cuencas del Pastaza, Corrientes, Tigre y Marañón. La mencionada Comisión de Pueblos Andinos, Amazónicos, Afro descendientes, Ambiente y Ecología del Congreso, ya ha evaluado y conoce demasiado la realidad de todas las cuencas mencionadas, de quienes no solo el Estado parece burlarse, sino la mismísima empresa argentina Pluspetrol.
Los comuneros de las diversas comunidades nativas asentadas ancestralmente en el área de influencia de los Lotes 1AB (192) o Lote 8 (Trompeteros), ya están cansados, “empachados”, abrumados y saturados de tanto diálogo con comisiones de alto o bajo nivel, que al final lo que hacen es prolongar y dilatar acciones concretas que redunden en la solución de sus demandas.
Demandas cuyo punto principal es el derecho a la vida, por lo que exigen remediación de sus ecosistemas, así como una justa indemnización por vivir en la zona petrolera letalmente afectada a la hora de succionar el hidrocarburo que luego se convierte en millones de dólares para impulsar el desarrollo de todo el país.
El reconocido y experto antropólogo, especialista en temas amazónicos, Alberto Chirif, ilustra muy bien sobre la manera cómo los interesados han desvirtuado las normas sobre la titulación de tierras en torno a los derechos indígenas. Se les ha hecho creer que ellos no tienen ningún derecho territorial y que no deben ser indemnizados por vivir sobre el territorio rico en “oro negro”.
Una falacia del tamaño de la Amazonía, una falacia como los cientos de diálogos que viene sosteniendo el Estado con los dirigentes indígenas y los mismos APUS que son los máximos jefes de las comunidades, quienes no solo se muestran saturados de tantos diálogos, sino indignados, y eso es sumamente peligroso porque para el conflicto social activo que pende sobre esos pueblos, solo hace falta una chispa para que la zona petrolera se vea envuelta en un conflicto social difícil de controlar. A tenerlo siempre muy presente.
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Saturados de tanto diálogo
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