Ayer, en todo el territorio nacional se cumplió un nuevo proceso de revocatoria a representantes ediles. En 126 distritos, según información oficial, los electores fueron a votar por si se mantienen en sus cargos o son retirados por decisión del pueblo, alcaldes y regidores.
Esta vez, la consulta popular, ha sido en su mayoría, por haber cumplido la mitad del mandato de las autoridades municipales. La cantidad representantes ediles que han sido puestos en manos de la ciudadanía es considerable, 120 alcaldes y 479 concejales. En algunos casos solo fueron sometidos los alcaldes, mientras que en otros, alcaldes y todos o parte de sus regidores. En Loreto, los ciudadanos de los distritos de Alto Nanay, Sarayacu, Puinahua, Soplín Vargas y Tapiche, a través de su voto decidieron si sus alcaldes se van o se quedan, lo que se verá en los resultados.
La revocatoria nos viene a recordar que como electores no sabemos elegir. Tanto error cometido por quienes fueron a elegir a sus autoridades municipales está reflejado en la cantidad de alcaldes y regidores que ayer pasaron por la consulta.
Claro que también está en evidencia que quienes alcanzaron el favor del voto y se hicieron del cargo, son personas que nunca han debido merecer tal honor, porque se ve a las claras que el pueblo no los soporta ni un minuto más y que por eso los han puesto al filo del abismo. El bajo nivel de sus gestiones, el estar involucrados en ilícitos penales porque creyeron que el dinero municipal es para sus bolsillos y los bolsillos de sus familiares, los ha llevado al precipicio moral, por lo que deben ser juzgados y castigados por la ley.
Otro es el caso de quienes por celos políticos, rivalidades, enconos y enemistades personales, compraron el kit y sin más ni más lanzaron la revocatoria para ver si lo lograban. En esos casos, si los motivos no han sido los verdaderos, el mismo pueblo los confirmará, dejando mal parados a los revocadores.
De todos modos, la revocatoria es un instrumento que, manejado con imparcialidad y total transparencia, nos da la posibilidad de reafirmar en el cargo a quien se lo merece o de separar a los que se han burlado de la confianza depositada en ellos.





