
Don Rafael, como muchos lo han acostumbrado a llamar, nació en Iquitos un 07 de octubre de 1940. Cursó la primaria en el Colegio San Agustín en su natal ciudad y la secundaria en el Colegio Markham de Lima. Luego estudió en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Agraria La Molina, continuándolos en la Iowa State University-USA, donde se graduó como Magíster en Economía.
Su espíritu y carácter jovial siempre le acompañan hasta estos días, que acaba de salir de una operación riesgosa al corazón y, para beneplácito de muchos, acaba de confirmar su participación para el evento del “Día de la Amazonía” para el mes de febrero del próximo año.
Otero pertenece a esa generación de escritores que describen a la Amazonía peruana y a sus pobladores con una destreza inimaginable; en su tinta fluye armoniosamente la historia y la imaginación, muy cercana a la realidad. Para ello, el autor recorre meticulosamente los caminos de los protagonistas que fueron parte del proceso de evolución de la sociedad iquiteña. De allí nacen dos grandes obras imperdibles de leer para todo iquiteño o para quien desee adentrarse a conocer más de la historia de la ciudad de los azulejos: “Fitzcarrald, pionero y depredador de la Amazonía” y “Los Jardines de Emilia”.
Tanto “Fitzcarrald” como “Emilia” son obras que estuvieron ligadas a la vida de Rafael Otero. Ambas personas existieron y vivieron en Iquitos; cada una de ellas guardó un rol preponderante en la ciudad cosmopolita de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX.
La casa del Malecón Tarapacá, propiedad de la familia de Otero, había sido propiedad de “The Orton Bolivian Rubber Company”, perteneciente al boliviano Dr. Antonio Vaca Diez, quien ofreció a Fitzcarrald entrar en sociedad y establecer el comercio cauchero entre Europa-Ucayali-Istmo de Fitzcarrald-Bolivia. Lastimosamente, esta empresa nunca se formó porque ambos murieron ahogados en el río Urubamba después de 24 horas de haberse estrechado la mano.
Emilia Barcia Boniffatti, tía de Rafael Otero, fue una insigne educadora loretana que, junto a su hermana Victoria, dedicó su vida a los niños. Organizó los primeros 333 jardines de la infancia estatales en el Perú, formó a las primeras maestras de educación inicial y creó el Instituto Nacional de Educación Inicial. Esta gran mujer y hermosa loretana fue la fuente de inspiración para que el autor nos enriquezca con conocimiento y orgullo de su elogiable labor por la educación de los niños del Perú. Fue ella quien inmortalizó una hermosa frase: “Todo por amor, nada por fuerza”.
La pasión de Otero por su terruño es insoslayable y se reafirma en el cuidado y conservación de su casa de arquitectura decimonónica, en la esquina del Malecón Tarapacá con la calle Napo. Son pocas las personas que le otorgan el merecido valor al patrimonio arquitectónico de la ciudad de Iquitos. Fue muy penoso para él, y también para pocos ciudadanos, contemplar con lástima y lágrimas en los ojos cómo una autoridad regional envió a destruir el Jardín Barcia Boniffatti, o mirar con aflicción cómo las llamas del incendio devoran los azulejos y el hierro forjado de los balcones de la “Casa Strassberger”.
Otero manifiesta: “Iquitos es una ciudad con una gran riqueza cultural y arquitectónica que debe ser conocida por los visitantes y residentes. Goza de una historia particular desde sus primeros pobladores originarios, como Katenere, citado por Mario Vargas Llosa en “El sueño del celta”. Tenemos una deuda por resaltar la importancia de las primeras reducciones hechas por los jesuitas, franciscanos y agustinos, las revoluciones o rebeliones como la de Guillermo Cervantes, y los conflictos bélicos con los países limítrofes. Sin temor a equivocarme, hay una gran historia que falta ser narrada y conocida por los peruanos”.
Desde la Asociación Iquitos Cultural, le saludamos por su día de celebración de vida y buena salud a don Rafael Otero Mutín, y estamos ansiosos de obtener la tercera obra que guarda una similitud con las anteriores y sabemos que será un elixir para nuestras retinas.





