Por: Manuel Fernando Flores Orellana
mflores2508@hotmail.com
Las relaciones laborales ya no son tan duraderas como en el pasado. Los trabajos para siempre han pasado a la historia, y el tiempo de empleo es, a menudo, corto. Atrás han quedado las ideas de una vida dedicada a la empresa y el puesto seguro. La empleabilidad es sencillamente encontrarse en sintonía con las demandas laborales actuales.
Hoy, en todo el mundo, los indicadores de gestión son iguales, sin importar en qué país nos encontremos. Debido tanto a la globalización como a la universalidad de los avances tecnológicos que permiten comparar data de muchos lugares en un instante y de manera muy objetiva, la información está al alcance de todos y la competencia también.
Seamos un peruano trabajando en Rusia, un alemán trabajando en Turquía o un japonés trabajando en el Perú, los indicadores con los que van a medir la calidad de nuestro trabajo son los mismos. Por ello, asumir que si estamos en nuestro país significa que podemos darnos el lujo de no esforzarnos es un error que atenta contra nuestra empleabilidad.
Bajo estos preceptos, podemos definir que la empleabilidad es la capacidad o facultad que tiene una persona de mantener o mejorar su empleo actual o lograr uno nuevo, de igual o mejor nivel de satisfacción profesional/personal que el actual, en un tiempo determinado.
Por consiguiente, tendremos mayor empleabilidad en la medida en que podamos acceder a empleos y posiciones que aprovechen mejor nuestras capacidades (y en consecuencia sean mejor remunerados), en el menor tiempo posible, generando los logros y resultados esperados, así como la reputación que nos permita tener el manejo y control plenos de nuestra vida laboral.
Ser muy empleables nos permitirá decidir sobre nuestro plan de carrera. De manera que si no estamos contentos en nuestro trabajo o si estamos en una organización que atenta contra nuestros valores o si realmente ya no somos felices allí, podemos ser capaces de tentar nuestras posibilidades de encontrar otro trabajo mejor que nos dé mayores satisfacciones en corto tiempo.
La empleabilidad tiene dos momentos de realización:
1) Al interior de la empresa donde trabajamos, en la que podemos acceder a posiciones de mayor valor por haber construido esa capacidad de proporcionar mejores resultados que otros o, en el peor de los casos, por no estar en la lista de despidos, porque el valor que agregamos a la institución es percibido como superior al que agregan otros.
2) En el exterior. Bien porque decidimos buscar un nuevo rumbo o bien porque no pudimos evitar caer en alguna lista de despidos, entonces, pondremos a prueba lo que hemos trabajado y logrado hacer con nuestro nivel de empleabilidad. Si hemos trabajado en ello y nuestra tasa de empleabilidad es alta, lograremos conseguir un buen empleo en menor tiempo.
Por otro lado, el trato que las empresas modernas y responsables tienen hacia sus colaboradores ha cambiado también mucho en el mercado laboral. Por ejemplo, en sectores muy competitivos, o de servicio, las empresas «se pelean» por la gente, compiten entre ellas por el mejor talento y en algunos casos, incluso, se «roban» a los mejores empleados y ejecutivos de sus competidores y de otras empresas cuando los necesitan para mejores para mejorar sus resultados. Cuando hay crecimiento, hay obviamente mayor necesidad de contratar talento y de retener a los que trabajan ya en la organización. Cuando hay crisis, la situación es incluso más peliaguda. La mayoría de las empresas exitosas se han dado cuenta de que no pueden jamás tratar mal en ningún aspecto a sus colaboradores, porque el día que lo hagan, los talentosos y más empleables se irán.
Hace algunos años, una línea aérea tuvo un problema que grafica lo antes mencionado. Un grupo de pilotos venía, hace tiempo, reclamando sobre ciertos aspectos de las condiciones de trabajo que les ofrecían. Los encargados de la relación con los empleados de la empresa optaron por no poner demasiada atención a estos reclamos como estrategia de negociación. Incluso, parece que más de un ejecutivo trató mal y sin el debido respeto a los representantes de los pilotos. Eso colmó la paciencia de los comandantes de las naves y muchos de ellos simplemente renunciaron y se fueron. Imagínese una línea aérea que tiene que cumplir muchos vuelos diarios programados y de un día para otro pierde una tercera parte de sus capitanes de vuelo ¿Qué le pasa? Se mete, obviamente, en grandes problemas.
Cuando los principales ejecutivos de la empresa cayeron en cuenta de lo que estaba pasando, trataron de retener a los renunciantes, ofreciéndoles mayores sueldos y mejores beneficios sobre los que reclamaban, pero los pilotos ya habían aceptado la oferta de otra aerolínea competidora que, feliz, los contrató rápidamente ofreciéndoles incluso mejores condiciones laborales.
Esto no pasa ciertamente, en todas las empresas ni en todas las culturas empresariales. No son pocas las que aún ignoran que el principal activo de toda organización, es el talento de la gente con que trabajan.
Por eso, lo que debemos de hacer es tratar de mantener una actitud siempre apropiada y muy positiva, y una reputación impecable de buen colaborador y de gran generador de resultados para lograr mantener una alta empleabilidad permanente. Ser empleable nos va a garantizar mantener nuestro puesto actual con toda seguridad, pero hará que nuestras posibilidades de continuar sean siempre mucho más altas que la de otros que no cumplen ese requisito. Gracias por leerme.





