Las elecciones terminaron, pero en Loreto todavía no termina el proceso electoral. Hay 154 actas, equivalentes a más de 40 mil votos, que deberán ser revisadas por el Jurado Electoral Especial de Maynas para determinar su validez. Es una tarea fundamental: cada voto representa la decisión de un ciudadano y ninguno puede ser descartado por la violencia, la presión o la intolerancia.
Lo ocurrido en cuatro localidades es grave y no puede ser minimizado. Se quemaron ánforas y actas, se agredió a personas y se puso en riesgo la vida de trabajadores electorales. Eso no es protesta democrática. Es un ataque contra el derecho de los ciudadanos a elegir libremente. Quien destruye un acta no está defendiendo un voto; está intentando impedir que ese voto sea contado.
Más preocupante todavía es que algunos actores políticos parezcan entender la democracia como un compromiso que se firma y luego se olvida. Un pacto ético electoral no puede servir para la fotografía de rigor mientras, horas después, aparecen enfrentamientos y agresiones. La verdadera ética se demuestra cuando se pierde, cuando existe desacuerdo y cuando los resultados no favorecen las expectativas.
Y ahora viene una segunda vuelta. El reto es enorme. Los candidatos y sus organizaciones políticas tienen que entender que la campaña puede ser intensa, pero jamás puede convertirse en una guerra. Loreto necesita propuestas, debate y capacidad para convencer; necesita políticos capaces de controlar a sus seguidores y respetar al adversario. La diferencia política no puede transformarse en enemistad social.
También preocupa lo señalado respecto a la falta de jueces titulares y la necesidad de fortalecer los órganos especializados contra la corrupción. Una democracia no se sostiene únicamente con elecciones; necesita instituciones capaces de hacer cumplir la ley. Sin justicia independiente, sin fiscales que cumplan su función y sin magistrados preparados, la corrupción encuentra espacios para crecer y la ciudadanía termina perdiendo confianza en el Estado.
La segunda vuelta debe ser una oportunidad para corregir lo que estuvo mal. Que se cuenten todos los votos que corresponda contar, que se resuelvan las actas conforme a la ley y que quien gane lo haga con legitimidad. Pero, sobre todo, que quede claro desde ahora: en Loreto las diferencias se resuelven con votos, argumentos y propuestas. Las urnas deben hablar. La violencia debe callar.
Lo Último
Que las urnas hablen
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