Mientras el Estado piense en eliminarlo de manera represiva y no imponiendo una política de desarrollo alternativo para todas las poblaciones asentadas en zonas fronterizas de la selva profunda; difícilmente se podrá lograr cambios medulares o mitigaciones importantes.
“Hay sembríos de coca, laboratorios, tráfico, avionetas que van y vienen porque el Estado no está presente o porque lamentablemente hay autoridades que ya han sido corrompidas”, acaba de declarar el jefe de ODECMA de la CSJL Mag. Carlos Del Piélago Cárdenas.
Y tiene razón significativa al decirlo porque ellos mismos recorren todas esas zonas fronterizas y por donde pasan ven la miseria de quienes viven en ese cordón abandonado del Perú. Miseria que muchas veces los llevan a aceptar las innumerables propuestas que les hacen los narcotraficantes para que se presten a sembrar hoja de coca, luego procesarla para finalmente transportarla.
Todo a cambio de pagos miserables, aunque más miserable resulta la vida a la que parecen condenados por siempre los oriundos de las zonas cocaleras. La cárcel se está llenando de campesinos utilizados por el brazo destructor del narcotráfico, mientras que los “peces gordos” siguen nadando en el anonimato y la impunidad.
A través del futuro presidente regional, Fernando Meléndez, se ha podido conocer que el gobierno central está queriendo implementar el Plan CORA, es decir meter fuerza militar de manera insospechada en la absurda idea que con ello se exterminará al ilícito negocio. Lo militarizan cuando quieren a través de declaratorias de emergencia y no solucionan nada.
El tema vertebral acá para que disminuya poco a poco el narcotráfico, es impulsar el gran desarrollo fronterizo no a través de enclaves o entreguismos a países vecinos, sino más bien que el Perú sea el dueño de ese desarrollo sostenido que necesita de muchas políticas efectivas para que llegue de una vez por todas.
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¿Qué hacer contra el avance del narcotráfico en la zona de frontera?
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