Frecuentemente, el ámbito universitario se ve agitado por paros, protestas, revueltas y huelgas de nunca acabar, porque ni bien finaliza una, comienza otra, de otro estamento. Esta vez, una más, los administrativos agrupados en el Sutunap sostienen un paro preventivo desde el miércoles próximo pasado, exigiendo lo de siempre.
No pasarán muchos días para que los estudiantes de una u otra facultad vuelvan a tomar sus locales, sumando un problema a la extensa problemática universitaria. Lo cierto es que nunca faltará un motivo, justificado o no para ir a un paro, convocar una marcha o crear la paralización de las actividades de nuestra primera casa de estudios superiores, próxima a celebrar su 50 aniversario.
Cuando sucesivamente se presentan este tipo de situaciones, tenemos la sensación de que los engranajes que mueven esa gran máquina del saber, no están debidamente sincronizados y por eso es que hay que parar su funcionamiento, a fin de hacer una pequeña reparación, que a la corta o a la larga volverá a malograrse, suspendiendo nuevamente el trabajo.
O los trabajadores, docentes y estudiantes tienen la manía de sostener broncas entre ellos, o es que en la dirección no hay autoridades y funcionarios capaces de llevar la vida universitaria de una manera ordenada, que cumpla con sus obligaciones salariales con los trabajadores, que mantenga bien remunerados a los docentes y que los alumnos gocen de todas las prerrogativas, como buenos laboratorios, centros de investigación, etc., donde puedan realizar sus estudios con ganas de seguir superándose en el estudio de la carrera elegida.
Pensamos que el rector no es la persona que debe estar preocupada en pagar incentivos y derechos que reclaman los trabajadores. Eso debe corresponder a una instancia administrativa que debe preocuparse en cumplir con las obligaciones económicas al sector laboral. Que cada uno desempeñe sus funciones, con dedicación y que no sean propiciadores del caos.
Finalmente, quienes pierden son los padres de familia, que con estos retrasos en la formación académica de sus hijos, tienen que seguir desembolsando dinero de sus alicaídas arcas en el sostenimiento de sus vástagos en la universidad. Y eso, es un atraso en la familia.
Que los problemas se solucionen en nuestra universidad, que se tome con responsabilidad el trabajo encomendado. Solo así se saldrá de esta crisis permanente, que por lo compleja debe ser materia de tratarla con mucho cuidado, tratando siempre de llegar a buenos acuerdos y soluciones para todos





