¡Homérico Almirante! ¡Gran Señor de la Historia!
¡Magnánimo Guerrero! ¡Valiente Capitán!
Las piedras de los Andes, los bronces de la Gloria
Irradian sobre el mundo tu gesta, Titán.
Carlos de la Jara
Coronel FAP
“Con él en nuestra historia, tan llena de abismos y a la vez bordeada de cumbres, renace la estirpe de los hombres que hizo posible el dominio del suelo duro y áspero, la creación de un Perú legendario y la gran aventura de la Independencia del Continente; la raza que justifica nuestra existencia como pueblo libre; la gente que nos dio temprano un sitio de honor en el mundo ya que a veces suele parecer extinguida o puesta de lado por la caterva vociferante y audaz de los enanos, por la moralización de los débiles y por el aprovecharse de los malos. Por eso, GRAU expresa las potencialidades que, a pesar de todo, hay en nuestra gente; nos da un incorruptible tesoro espiritual: hierro de heroísmo, plata de aptitud, oro de bondad. Y, como a todos los grandes de esta América para la que la historia es sólo prólogo, puede ser llamado Adelantado, Fundador y Padre”. Así describía Jorge Basadre Maestro e Historiador peruano, la figura del epónimo Miguel Grau.
Su vida marcada por episodios vigorosamente profundos y por roles múltiples en los que siempre destacó: marino, padre amoroso, esposo virtuoso, político enjundioso, lo cual resalta su humanidad, que muchas veces se ve nublada porque solo se escribe de él, como el innegable héroe que es. Estos momentos que vive intensamente desde su precocidad, forjan en Grau el carácter que supo imprimir en cada uno de sus actos hasta morar en el oriente eterno.
Su niñez, no fue la delicia de los niños bien. “En 1839 tras una sarampión galopante que supera gracias a los cuidados de su madre Luisa Seminario y de su tía Mariana de Ramos pasa a ser un infante robusto que es entregado a su padre y es puesto bajo los cuidados de doña Rafaela Angeldonis. Transcurre 1843 cuando se hace a Paita, donde por sus características de fortachón, laborioso y saber moverse en la mar como si hubiese nacido en ella, es elegido por Manuel Francisco Herrera Castellanos, Capitán del bergantín Tescua para ser marinero siguiendo las aguas a su hermano Enrique quien ya navegaba en la goleta granadina Catalina. Herrera se encarga de llevarlo de paje y aspirante a lobo de mar. Cumple los nueve años en el mar”. Nos narra Guillermo Thorndike Losada con prolijidad en su libro Grau Los Hijos de los Libertadores. Y así comienza ese periplo inagotable de marino marinero que se extiende a lo largo de una década y que representa su tránsito por 12 embarcaciones distintas y un total de 102,854 millas náuticas recorridas según un estudio desarrollado por la Dirección de Hidrografía y Navegación de la Marina de Guerra del Perú. En referencia a esta época el periodista argentino Aristóbulo del Valle rubrica “no gozó en su infancia las dulzuras divinas del más puro de los amores; no tuvo otra madre que el mar, cuyas brisas mecían su cuna, noche a noche, mientras se adormecía escuchando el dialogo sin fin de los vientos y las olas”.
Antes de incorporarse a la Marina de Guerra es discípulo en Lima del Profesor y Poeta español Fernando Velarde quien al recordarlo nos deja un bello tono humano del excelso Almirante:
Nunca fuiste risueño ni elocuente,
Y tu faz pocas veces sonreía,
Pero inspirabas entusiasmo ardiente,
Cariñosa y profunda simpatía.
A los 19 años es aceptado como guardiamarina en la Armada Peruana con la anuencia de su padre siendo destinado al Rimac que posteriormente se llamará Noel. En octubre de 1854 lo recibe el pailebote Vigilante y posteriormente el Ucayali. Así inicia Grau una carrera exitosa pero azarosa basado en lo compleja de la situación política del país. Ascensos, rebeldía como aquella contra la contratación de Tucker acompañado de Ferreyros, Garcia y Garcia y Montero, juicio, prisión y absolución. Condiciones que a cualquier otro le hubiese hecho desistir de cualquier emprendimiento, pero a Miguel María no. Estos vaivenes representaban para él el cumplimiento de su compromiso, repitiéndose constantemente una sentencia “el deber no es una carga; es la fidelidad a íntimos convencimientos y creencias” actuando en consecuencia y así lo evidencia día a día cumpliendo sus obligaciones de forma natural y sencilla tal como lo registra Don José Agustín de la Puente Candamo en su obra Miguel Grau.
Imaginarnos a Grau vestido en traje de civil a la usanza de la segunda mitad del siglo 19 nos parecerá imposible y mucho menos puesto de pie debatiendo con sus pares en el Parlamento nacional. Elegido Diputado por Paita juramenta el 4 de agosto de 1876 iniciando así una incesante actividad como político que no estuvo fundamentada en arrebatos o manifestaciones de último momento sino una bien fundada actitud coherente y consistente como con lo sucedido al nombramiento del marino norteamericano Jhon Tucker como comandante de la Armada peruana y el rechazo de la revolución encabezada por los hermanos Gutierrez” nos dice Teodoro Hampe Martínez, en su obra Miguel Grau, Protagonista Político. En su quehacer como parlamentario fue miembro de varías comisiones, no sólo la de Marina la cual llego a presidir y no solamente se dedicó a ver temas de la provincia por la cual fue electo sino también impulso proyectos a favor de Madre de Dios, Moquegua y Lima entre otros. Tuvo enorme preocupación por el sueldo de los oficiales y de la marinería. Durante esta etapa de su vida tuvo una acción que lo vincula con nuestra Amazonia: mediante Dictamen de la Comisión de Marina del 3 de Noviembre de 1876 propone la resolución del Congreso para que se reconozca pensión de montepío a los familiares del Alférez de Fragata Alberto Westt quien falleciera al servicio de la República en exploración de las regiones amazónicas al igual que el Alférez de Fragata Juan Antonio Távara.
Mayo de 1,879 llega el momento de zarpar al sur, “Si mi nave no vuelve triunfante, tampoco yo volveré” declara y ordena como era su costumbre: “Larga en nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, el Señor oriente nuestro rumbo, nos guié a buen puerto y nos haga volver al hogar”. Usa con destreza la escuadra y el compas para arribar a Iquique el 21 de Mayo. “Tripulantes del Huáscar: ha llegado la hora de castigar al enemigo de la Patria y espero lo sabréis hacer, cosechando nuevos laureles y nuevas glorias dignas de brillar al lado de Junín, Ayacucho, Abtao y 2 de Mayo. ¡Viva el Perú!” arenga Don Miguel a su tripulación antes del combate que le diera el calificativo inmortal de Caballero de los Mares y que detalla con precisión el periodista Julio Octavio Reyes quien fuera corresponsal en el Huáscar del periódico Opinión Nacional.
El Huáscar entra en combate, se cañonea dos horas con la Esmeralda sin resultados aparentes, el aplomo y la maestría para ejecutar operaciones de guerra del comandante de nuestro monitor lo llevan a espolonear tres veces a la nave chilena, hundiéndola partida en dos. De inmediato dispone el arriado de los botes y el salvamento de los náufragos de la corbeta. En este episodio se puede observar una vez más la grandeza de Grau como hombre, predominando el afecto sobre la idea y que se arraigara al grito de ¡Viva el Perú Generoso! por parte de los marinos chilenos.
Angamos 08 de Octubre, 09:55 de la mañana se abre el camino a la gloria, el Capitán de Fragata Manuel Melitón Carvajal en su parte da cuenta “un proyectil chocó en la torre del comandante, la perforó y estallando dentro hizo volar al Contralmirante señor Grau, que tenía el mando del buque y dejó moribundo a su ayudante el Teniente Primero Diego Ferré. Al respecto Vicuña Mackenna escribe “ignoramos en estos momentos los detalles de su fin. Pero Miguel Grau, el vencedor de Prat, el que lamentó su muerte y recogió con piadosa ternura sus prendas, no puede haber sucumbido sino como mueren los bravos: al pie del cañón”.
El mundo entero se aunó al pesar por lo sucedido en Angamos, el diario “La Mañana” de París escribió de este modo: “El “Huáscar” representa en la historia naval del Perú un caso único, por su gesto gallardo y heroico. Estuvo comandado por el Almirante Grau que dejó con su muerte un futuro igual al que dejó el Almirante Nelson en la batalla de Trafalgar”. Octubre 10. El Tiempo de Londres: “El Huáscar es un barco histórico, que figura en todos los combates navales en el curso de la guerra; ha bombardeado las poblaciones de los chilenos (solamente aquellas fortificadas), perseguido y capturado sus buques transportes y ha sido por varios meses el terror de la costa chilena. Al mando de un hábil y valiente oficial y tripulado por hombres excelentes, el Huáscar ha sido siempre un formidable adversario”.
Jacinto López Escritor Venezolano en su libro “Historia de la Guerra del Salitre y del Guano” nos reseña “El Huáscar es la maravilla de esta guerra. Sin él en realidad no habría habida campaña naval. La guerra en el mar terminó cuando él sucumbió. Suprímase el Huáscar y se verá el vacío. La guerra naval tuvo decoro, dignidad, brillo, emoción dramática, grandeza por el Huáscar. Pero el Huáscar era Grau. La historia de la Guerra Naval, comienza con el bloqueo de Iquique y concluye en Angamos, los dos acontecimientos decisivos y culminantes de la campaña, la llenan en suma las hazañas de Grau y las torpezas, maldades y crueldades de William Rebolledo, el Jefe de la Escuadra Chilena”.
Nuestra gloriosa Marina peruana que hoy celebra su centésimo nonagésimo cuarto aniversario de creación heredera de Grau y custodia de sus valores, cumple hoy con la misión que la patria le impone: salvaguardar nuestra soberanía, tutelar la democracia y apoyar al desarrollo del país hasta el más apartado de los lugares que cubre nuestra bandera. Esto se ve reflejado en acciones concretas, dejando de lado los discursos, fortaleciéndose con el B.A.P. “Tacna” para servir mejor al país en casos de emergencia, sumando al buque escuela “Unión” para formar más y mejores marinos con amplitud de miras, las acciones de las Plataformas Itinerantes de Acción Social (PIAS) apuntalando con ello su presencia histórica y perdurable en la Amazonia, vitalizada por actividades de desarrollo en las comunidades más alejadas de la extensa selva peruana, llevando la presencia del Estado a los más recónditos lugares no solo por su nuevo rol sino por la estela dejada por Grau en su profunda voluntad de servicio al país.
Gloria a Grau y loor a la Marina de Guerra en este día de especial significación, el ejemplo de Grau y la de los hombres que lo sucedieron marcan un rumbo imperecedero para todos nosotros que debemos de esforzarnos para dejar nuestro país en mejores condiciones de lo que lo encontramos. ¡Somos Grau, Seámoslo Siempre!
Iquitos 08 de Octubre del 2015
Lic. Menotti Juan Yáñez Ramírez
Gerente del Terminal Portuario de Iquitos
ENAPU S.A.





