- Por ahora es una incógnita. A nadie parece importarle su recuperación.


Debido a la presencia de personas que gustan de los alucinógenos, las autoridades han mandado a colocar ladrillos hasta la mitad de la puerta y en otro acceso, un serenazgo permanece durante horas para que nadie ingrese. Hasta las floristas que pululaban por el lugar, han desaparecido, se quedaron sin chamba.
La primera actividad que realizó el ex alcalde de ese distrito Euler Hernández, cuando fue elegido, fue una minga para más adelante ver la posibilidad de rescatar todo ese espacio para un mejor campo santo que albergue a los hijos de Punchana. Y quizá de otros lados, como era antes.
Pero nada se hizo. Luego pasaron más alcaldes y tampoco han hecho nada al respecto. Algo sospechoso. Sospechoso porque el resto de campos santos, ubicados en Iquitos, son los que han cogido esa cartera de clientes del distrito de Punchana, que por lo general son gente muy humilde, que a veces, hasta tienen que endeudarse para alquilar colectivos que lleven a los familiares hasta la carretera o cementerio general.
Cuando hace años existía un buen proyecto de juntar todos los restos óseos para colocarlos en una tumba secundaria y así ganar todo el terreno existente donde podrían levantar varios pabellones con nichos nuevos. No es un proyecto descabellado, esto cuando no existe ningún interés particular.
Actualmente es una inmensa falta de respeto y desamor para los seres ahí enterrados y hacia sus familiares que ya han perdido toda esperanza de llevarles un ramo de flores en recuerdo a lo que amaron en vida. Porque las cruces ya ni siquiera conservan sus nombres.





