En Loreto se han dado realmente casos extraordinarios. Desde fines del siglo XIX, hubo movimientos revolucionarios, alzamientos y muchas muestras de sentimientos separatistas, independentistas y federalistas.
El más sonado, el de mayor repercusión en la vida de nuestro pueblo, fue sin duda alguna el protagonizado por el capitán del ejército peruano Guillermo Cervantes Vásquez, quien con un grupo de subordinados y el total apoyo del pueblo, se alzó contra del gobierno de Leguía en 1,921.
Esta gesta tuvo gran connotación, pues no solamente fue un alzamiento contra el poder central en protesta al total abandono en que tenía a Loreto, sino que hasta llegó a imprimir billetes de circulación forzosa, con el respaldo de la deuda que tenía el Estado Peruano con el departamento de Loreto. Cuando los billetes cervantinos no eran aceptados por los comerciantes chinos, éstos eran enviados calatos a la playa de Padre Isla, como castigo.
Era calamitoso vivir en esos tiempos cuando no llegaban los sueldos de los empleados públicos, de los maestros y los militares. Era por lo menos desesperante para toda la gente no tener un centavo en el bolsillo para sufragar sus más urgentes necesidades.
Por eso el pueblo respaldó a Cervantes, líder del Gobierno Federal de Loreto. 
El intento fue aplastado con la llegada de fuerzas provenientes de la capital de la República. Los implicados en la revolución fueron perseguidos implacablemente, por lo que siguieron a Cervantes al exilio en la República del Ecuador. Posteriormente, cuando el general Óscar R. Benavides asume el mando de la Nación, algunos de los exiliados retornan a la patria, prefiriendo otros quedarse en lejanas tierras. Benavides les prometió su apoyo para reintegrarse a sus unidades, pero la patria los olvidó. A quienes volvieron, no se les reconoció su permanencia en el ejército. No hubo jamás una pensión para ellos, me aseguró, ya anciano, mi tío abuelo, el sub teniente Rafael Pérez Armas, quien dirigió a la tropa como lugarteniente de Cervantes, en ese momento histórico para Loreto.
De Cervantes heredamos el alma rebelde y contestataria ante tanto despropósito del centralismo contra los pueblos de Loreto.
Siendo como somos una parte del Perú, pero con realidad diferente al resto del país, tenemos necesidades distintas, a las que hay que dar solución, las que los gobiernos nacionales no han sabido otorgar, a pesar de que gente preocupada y conocedora de nuestras condiciones de vida les ha alcanzado los instrumentos con los cuales hemos debido superar el estado de postración en el que nos encontramos.
En justicia, creo, debemos ser gratos con quienes, sin importarles nada en particular, poniendo en peligro sus vidas, se entregaron a liderar causas nobles en resguardo de los sagrados intereses de nuestra tierra.
¿Por qué entonces no levantamos en honor a Cervantes, quien es un héroe del pueblo, una plaza donde se le rinda a él y a los revolucionarios de su entorno, el homenaje que merece? Quien tome esta iniciativa tendrá el apoyo de la ciudadanía, que siempre ha sabido ser grata con quienes le defendieron y le defienden de los atropellos centralistas o extranjeros, lo que, finalmente, sería hacerle saber al Perú, que aquí, los guardianes permanentes de tres fronteras de la patria, somos gratos con quienes, a favor de nuestro pueblo lo dieron todo sin pedir nada. Si Lores defendió la patria, Cervantes defendió al pueblo.
(José Verea)





