- Vecinos exigen intervención urgente.
La tranquilidad del asentamiento humano «Frank Saboya», en el distrito de Punchana, se ha visto gravemente afectada por la violencia desatada por pandilleros juveniles, cuyas edades oscilan entre los 10 y 16 años. Los enfrentamientos no solo han convertido las calles en escenarios de batallas campales, sino que también han llevado a la destrucción de los puentes de la zona inundable, dejando a decenas de familias aisladas y en una situación de vulnerabilidad extrema.
Según los testimonios de los pobladores, estos grupos delictivos atacan con piedras, palos e incluso armas artesanales de perdigones, sembrando el terror en la comunidad. «No podemos vivir tranquilos. Cuando empiezan las peleas, tenemos que encerrarnos en nuestras casas porque nuestras paredes de madera no resisten los impactos de sus ataques», denunció una vecina afectada.
La falta de presencia policial y de serenos ha llevado a que los propios vecinos intenten protegerse como pueden, pero la situación se torna cada vez más incontrolable. «Hemos llamado a las autoridades, pero no hay respuesta. Estos jóvenes están destruyendo nuestra comunidad y nadie hace nada», expresó otro poblador indignado.
El impacto de la violencia va más allá de los enfrentamientos. Los puentes de madera, vitales para la movilidad de la población en esta zona inundable, han sido destrozados durante las grescas. Muchas familias han quedado incomunicadas, sin posibilidad de salir a trabajar, llevar a sus hijos a la escuela o acceder a servicios básicos. «No tenemos materiales para reconstruirlos. Es desesperante», lamentó un morador de la zona.
Ante esta crisis, los vecinos exigen una respuesta inmediata de las autoridades locales. Piden patrullaje constante de la Policía Nacional del Perú (PNP) y del Serenazgo de Punchana, así como un plan de intervención social para prevenir que más menores caigan en estas actividades delictivas.
«No podemos esperar a que ocurra una tragedia mayor. Necesitamos acción ahora», insistió un dirigente vecinal.
Mientras tanto, la población sigue viviendo en zozobra, con la esperanza de que las autoridades atiendan su clamor antes de que la situación se torne aún más incontrolable.
(C. Ampuero)





