Iniciado el tiempo de creciente, los ríos seguirán incrementando su nivel, lo que va a producir un nuevo período de inundaciones.
Es sabido que los pueblos ribereños van a ser los afectados de siempre, a los que hay que socorrer con toda clase de elementos, que hagan llevadera la tragedia de ser pobres y vivir en un sitio inseguro en forma marginal, cuadro que se repite en los asentamientos humanos de la ciudad, ubicados en las cercanías de los ríos.
Las inundaciones producen un incremento de insectos que viven en zonas húmedas, y estos se multiplican por millones a los que hay que erradicar lo más pronto posible porque traen enfermedades tan terribles y mortales como el dengue y la malaria, así como también los roedores de cloacas salen y dejan el virus de la leptospirosis con el que se infectan quienes no practican la limpieza en sus hogares.
Presentado así el panorama, el dengue que es una enfermedad endémica se volverá epidémica si es que las autoridades de salud no toman medidas rápidas y seguras.
Casos ya se han dado en las últimas semanas. Algunos con desenlaces fatales, cosa que se conoce por información directa de los familiares de las víctimas, pero no como información oficial de los hospitales donde se dieron los hechos.
No se sabe si es por no alarmar a la población o se tienen en reserva hasta conocer resultados completos de los análisis que, según se sabe, no se pueden realizar en Iquitos, sino en Lima.
La cuestión es que el último caso conocido por este medio periodístico es de una niña que murió al día siguiente de haber ingresado a un hospital con los síntomas propios del dengue.
Con la salud no se puede andar con rodeos. Hay que incrementar el trabajo de fumigación, pero permítasenos dar paso a la suspicacia de la población, que manifiesta su desconfianza en lo efectivo que pueda ser el insecticida que se está usando, en donde estaría el negocio para seguir permanentemente brindando el servicio.






