Por: Adolfo Ramírez el Aguila
Docente de Educación Religiosa

A la temprana muerte de nuestro anterior obispo de Iquitos, Monseñor Miguel Oloartúa Laspra (noviembre del 2019), le siguió una etapa de espera por la designación de su sucesor; hasta que, por fin, el papa Francisco ya nos hizo conocer el nombre del nuevo prelado para esta Iglesia de la selva peruana.
En realidad, el proceso de elección, ante la ‘sede vacante’ de un obispo fallecido, empieza por designar inmediatamente a un encargado provisional denominado Administrador Apostólico, quién dirige interinamente los destinos del Vicariato, sin derecho a hacer cambios de los cargos de confianza. Esa etapa lo vivimos bajo el liderazgo del padre Miguel Fuertes Prieto, quien tuvo un papel fundamental durante la pandemia, en especial el de la primera ola.
Concluido las exequias y visto los informes, La Santa Sede, desde Roma, a través de una comisión especial, pide una terna de tres bautizados, que normalmente son sacerdotes, para hacer la estricta evaluación de los postulantes en función de los criterios administrativos, jurídicos y pastorales. El Papa toma la decisión final de designar a uno de los tres y lo comunica.
Esa decisión papal llegó la madrugada del sábado pasado, causando la alegría de toda la Iglesia de este Vicariato por tener ya su nuevo Obispo. Y como es de público conocimiento, esta responsabilidad de gobernar, pastorear y guiar este territorio eclesiástico llamado Vicariato Apostólico de Iquitos, recayó en el padre Miguel Ángel Cadenas Cardo (55) sacerdote agustino, actual párroco de La Inmaculada y también superior regional de los Agustinos.
Lo que viene después será un interesante proceso de Toma de Posesión que empieza cuando el designado comunica, en el más breve plazo, la fecha de este evento de ordenación episcopal, máximo grado del sacramento del Orden que recibe un bautizado. Al evento de ordenación y Toma, que normalmente es pública (pero que en este contexto de pandemia posiblemente tenga sus restricciones) asisten, el Nuncio Apostólico, que traerá Las Letras Apostólicas firmada de puño y letra del Papa, las altas autoridades del lugar y el pueblo en general.
En espera que llegue esa fecha de la Toma de Posesión, que normalmente es dentro de un mes, permítanme compartir algunos retos eclesiales y sociales que le queda el nuevo Obispo de Iquitos, no de Loreto (En nuestra región, hay varios Vicariatos con sus respectivos obispos, uno de ellos es el vecino Vicariato de San José del Amazonas-Indiana, cuyo obispo es monseñor Javier Travieso).
Una Iglesia de Iquitos, abierta a la colegiatura de todas las iglesias vicariales, prelaturales y diocesanas de la Amazonía peruana y de toda la Panamazonía. Recuerdo que en la década de la los 80, la Iglesia de la Selva era una Iglesia colegiada con voz profética, que se ponía de lado de los pobres y nativos en su lucha por una Tierra sin Mal (mito cocama), denunciando los abusos de los poderosos y saqueadores de la selva. Los obispos de ese entonces, no eran mediadores en los conflictos, sino que tomaban partido, de lado los pobres.
Una Iglesia de Iquitos, que respete y cuide la creación, en su diversidad cultural, lingüística y ecológica, que concrete con apuro los acuerdos del Sínodo Panamazónico. Este ejercicio es clave para que el nuevo Obispo, promueva una Iglesia maternal y misericordiosa en especial frente a los pequeños del reino. Recuerdo que el anterior Obispo, que en paz descanse, una mañana le avisaron que los nativos de las cuencas se habían reunido en la Plaza 28, para protestar por tanta contaminación y abuso de las petroleras; Monseñor Miguel Olaortúa, cogió su megáfono y se dirigió a solidarizarse con esta lucha, exigiendo justicia en la selva.
Finalmente, una Iglesia de Iquitos de Comunión y Participación, en la línea del Plan Pastoral Vicarial en camino a convertirse en Diócesis, con métodos pastorales propios, con estructuras más horizontales, con ministros nativos y autóctonos, con un laicado más comprometido con su fe y con una religiosidad popular más bíblica. Recuerdo que la devoción a la Rosa Mística de Nauta, es tratada, hasta ahora, con cierto recelo clerical, por tratarse de una devoción liderada, desde sus inicios, por laicos.
¡Salud con huitochado por esta nueva designación!





