Cuando sube un nuevo gobierno en el Perú, la vista de los gobernantes solo alcanza hasta los Andes. Esas gigantescas rocas que antes se alzaban coronadas de níveos penachos, al parecer ocultan a la selva no solo de los ojos de los inquilinos de Palacio sino que parecen borrar de su memoria a este extenso territorio teñido de verde y plata.
No hay otra explicación entonces para comprender el olvido en que nos tienen no solo los gobernantes de turno, sino hasta el Estado en su conjunto.
Las luchas emprendidas por el pueblo loretano, reclamando sus derechos como peruanos, tan igual y, hasta más, que serranos y costeños, porque somos guardianes de tres fronteras de la patria, no solamente fueron ignoradas sino que en un autoflagelo, ellas nos han perjudicado a nosotros y a nadie más que a nosotros. Es que Iquitos cuando paraliza sus actividades no le afecta al resto del país. Estamos tan distantes que a Lima le da igual si existimos o no. Para lo único que existe la selva amazónica peruana es para llevarse su riqueza, hoy el petróleo y especies de flora y fauna, como antes fue el caucho, el palo rosa y el barbasco. Las protestas solo nos dieron migajas caídas de la mesa.
Pero en esto, nosotros, como pueblo, también tenemos la culpa. Muchas veces hemos delegado nuestro mandato a diputados y senadores, en el pasado, y congresistas en el presente, a personas que cruzando los las alturas andinas, también sufrieron de una amnesia permanente, porque una vez llegados a la capital, las veleidades del poder les envolvieron y se olvidaron de este pueblo que merece un mejor destino.
Y en el propio Iquitos, aquí mismo, hemos tenido alcaldes que preferimos olvidar sus nombres, porque sentimos vergüenza ajena, de haber sido elegidos para manejar la administración de la ciudad. Casi todos han ido a parar en el banquillo de los acusados, por haber cometido delitos contra la administración pública, contra los dineros del pueblo, mostrando signos exteriores de riqueza injustificables.
Que sea esto una reflexión en el camino y en una nueva oportunidad, no cometamos los errores del pasado, por el bienestar de quienes nos siguen en la ruta.





