Es preferible respirar profundo al momento de sentarse en una de las pocas bancas del bulevar de Iquitos que nos pone de cara al río para pensar recobrando serenidad, porque no queremos imaginar el día que no podamos servirnos de esas aguas que hoy tienen un nivel de contaminación, pero todavía puede ser utilizada para los diversos usos que le damos los seres humanos, los amazónicos de Loreto.
Pareciera que lo ocurrido con la destrucción del agua dulce en la también región amazónica de Madre de Dios, no nos importara, salvo a un aparente reducido número de ciudadanos iquiteños que por diversos medios y actividades levantan la voz para defender al río Nanay, y a todas las cuencas afectadas por la minería ilegal, y que se vienen reportando afectación con exceso de mercurio en la sangre de un número de habitantes de las comunidades rurales e indígenas, y las consecuencias graves en la salud.
Hace poco estuvo la presidenta de la República en Iquitos y siendo uno de los temas cruciales para Iquitos y la región en general, no ha tocado el tema, no se ha referido al por qué se ha reducido el presupuesto para la lucha contra la minería ilegal y menos se habló de una intervención nacional para acabar con esa actividad que se está expandiendo por todas las cuencas de esta parte de la Amazonía peruana.
Está claro que la minería ilegal hasta este 2025 nos está ganando la batalla. Es que si bien existen normas que no permiten esa actividad ilegal, la poca acción contra la misma en el lugar de los hechos demuestra que se está permitiendo que crezca. Es que hace suponer que la danza de los 108 millones de soles que produce al mes estaría bloqueando la posibilidad de combatirlo, de verdad.
Hace unos días en un evento nacional realizado en Iquitos y gracias a la tecnología satelital se pudo constatar que en esos precisos momentos 65 estaban extrayendo oro del río Nanay. Así como 40 dragas en la zona de Saramiriza, Manseriche, Datem del Marañón. Esta actividad que en realidad se viene dando desde hace más de veinte años en la cuenca del Marañón, lo supimos por unos docentes que se jactaban de tener joyas de oro gracias al bajo precio que conseguían en la zona. Nos pareció algo anecdótico, y vaya que no fue así. ¿Seguiremos mirando cómo lugareños y extranjeros están destruyendo los ríos? ¿El Estado asumirá finalmente su papel y paralelo a la destrucción de las dragas generará planes de desarrollo inmediatos para los pobladores de la zona? El tiempo lo dirá, y esperamos no sea demasiado tarde.
Lo Último
Minería ilegal gana la batalla
Date:





