Hace muchos años que venimos escuchando que los militares se preparan para la guerra, pero sucede que las formas típicas de guerra en nuestro contexto han cambiado, al punto a la pandemia del Covid-19, ahora endémico, le consideramos un enemigo en plena guerra como en diferentes latitudes del mundo.
Para combatir a este enemigo nos hemos unido todos, civiles, militares, religiosos, el pueblo profundo, los ciudadanos, los países, todos dando las pautas para luchar contra este desconocido e invisible virus, la versión del “hombre invisible” como anti héroe.
Una amiga nos describió cuando estábamos en el momento más alto de contagios y nos advirtió de forma figurativa: imagina que estás en un bombardeo y el virus representa muchas balas perdidas y saliendo a la calle te expones enormemente, así como interactuando con otras personas, muy de cerca. Obviamente que nos protegimos al máximo posible y parece que el virus no logró apegarse en nuestro organismo, aunque no podemos afirmar ni descartar si nos tocó ser asintomáticos. En fin.
El escenario de imaginaria guerra ya está parece culminando y poco a poco los comandos covid de todo el país retornarán de lleno a sus funciones específicas. Pero, hay algo que nos llama la atención a propósito de las Fuerzas Armadas, donde el país ha invertido para tener excelentes hombres y mujeres preparados en altos estudios.
Entonces si en tiempos de paz todo este potencial está confinado en los cuarteles y villas militares, pudiendo dar mucho más, sería importante que desde el poder político civil se dieran las condiciones de convenios para el servicio de cierto personal en las entidades del Estado, algo así como un destaque temporal para contribuir con el país. Necesitamos sumar voluntades y más eficiencia en el aparato estatal con disciplina, además.





