Una información captada por nuestro diario «La Región» daba cuenta ayer sobre la falta de medicinas en las farmacias de los hospitales Iquitos y el Regional, sin ánimo de alarmar, más bien de alertar porque esta carencia desde ya estaba afectando a los pacientes que hacen uso del servicio de salud que ofrecen estos nosocomios.
Es resaltante que el director regional de Salud, Hugo Rodríguez Ferrucci, haya tenido una reacción rápida y de inmediato gestionó el abastecimiento de las medicinas por las instancias que se valen frente a este tipo de situaciones que son urgencias, aunque de no atenderse a tiempo se pueden convertir en emergencias hospitalarias.
No se ha llegado a ese extremo, modestia aparte, por la denuncia oportuna y que fue confirmada por un dirigente sindical, siendo una muestra de que la intervención gremial, a través de sus representantes, no solamente están para lidiar sobre los derechos laborales, sino también para alertar sobre situaciones coyunturales que afectan al usuario, en este caso a los pacientes.
Sin embargo, no dejamos de preguntarnos qué ha pasado con los informes de esta situación que los jefes inmediatos de las áreas y los funcionarios deben ofrecer a la máxima autoridad de Salud, a fin de que ordene las medidas correctivas y oportunas del caso. Es un tema de salud de las personas y es inaceptable que por la implementación de «un nuevo sistema informático» se pretenda justificar el desabastecimiento sin presentar alternativas.
Es una explicación típica del burocratismo inerte e insensible que reina lamentablemente todavía en el Estado peruano. Una respuesta así en la actividad empresarial privada de la salud sería un suicidio frente a sus eventuales clientes o pacientes. La eficiencia de las instituciones públicas felizmente todavía se salva con reacciones rápidas como la del director de Salud, que en lugar de negar el desabastecimiento por más mínimo que sea, dio la cara y anunció la inmediata solución.





