Cuanto más me pegas… más te quiero, es una frase que se atribuye a la mujer andina, que siempre ha sido víctima de las agresiones de un marido borracho o celoso. Pero el significado va más allá todavía. Dicen que el hombre que pega a su mujer es porque la quiere. Por lo visto, la ignorancia no tiene límites.
Nunca, jamás, una agresión, más a una mujer, va a ser muestra de cariño, de afecto, menos de amor. La agresión es rechazo, es odio, es el ataque violento con la finalidad de producir un daño físico, es pisotear los derechos de la persona agredida y eso no debe tener perdón.
En estos últimos tiempos venimos siendo testigos de atrocidades que cometen maridos o ex maridos contra sus esposas o ex esposas, actos nunca antes vistos con tanta frecuencia. Y, si se daban, no trasponían las pareces de la casa, todo quedaba ahí. Hoy, las portadas de los diarios, los noticiarios de televisión y de radio no pueden obviar escenas escalofriantes cuando el marido baña con agua caliente o cuando la pobre mujer es quemada viva.
Esos ataques que se dan a sangre fría por sujetos desquiciados por los celos o cualquier otro motivo, se dan mucho más aún después de haberse dado la Ley del Feminicidio. Los casos se han incrementado y con más violencia luego de las campañas contra los ataques a las mujeres.
Eso ha llevado a la ministra de la Mujer, Ana Jara, a adelantar que pedirá la modificatoria de la Ley, que no sólo considere sanciones para quienes asesinen a mujeres o a parejas o ex parejas, sino que se amplíen las penas en el marco de discriminación de género.
Un ¡basta ya! no es suficiente. Hay que incrementar penas más duras, ejemplares, sin escapatoria ni beneficios para quienes ataquen a las mujeres. Los señores del Congreso sabrán comprender el pedido de la ministra y, estamos seguros, implementarán la Ley del Feminicidio con más sanciones penales.





