Encontradas opiniones, diametralmente opuestas, generó la llegada de Charles Zevallos por parte de algunos regidores y ciudadanía, y de su asesor Enrique Norcothe, a quien los trabajadores municipales le mostraron su total repudio. Con claros signos de una precaria salud, Zevallos fue descendido del avión que lo trajo desde Lima en silla de ruedas.
Nuestra provincia está al garete, sin un conductor, sin guía que lo lleve a un destino mejor. La ciudadanía está desilusionada y hasta arrepentida de haber elegido a personas que no ofrecen las garantías como para seguir gozando de la confianza del pueblo, viendo el panorama del día.
La municipalidad de Maynas está en disputa. Las apetencias personales están primero. Las esperanzas y necesidades de la población no cuentan, sino el estar en el poder municipal. Así ningún pueblo puede aspirar al progreso.
No es posible que se le esté sacrificando a un hombre como Charles Zevallos, que a simple vista no está para asumir las funciones de alcalde. Su precaria salud es evidente. En este circo, debemos decirlo con todas sus letras, hay poderosos intereses económicos de personas y empresas conocidas que tratan por todos los medios de sostener a Zevallos en el cargo y seguir gozando de sus favores como autoridad. Favores y concesiones dadas que alguna vez serán motivo de investigación de las autoridades competentes.
Mientras esto sucede ante la vista y paciencia de la sociedad civil, Iquitos, ciudad capital de la provincia de Maynas, es el fiel reflejo de la ineptitud de quienes han sido elegidos para conducirla con los mejores propósitos y mejor voluntad de hacerla y mantenerla como una ciudad bella, limpia, atractiva y, más que todo, segura.
Es una pena que nos ocupemos tan crudamente de nuestras autoridades ediles, pero no podemos callar tanto atropello a la dignidad de nuestro pueblo.





