Con la presencia del Estado, conectividad y la necesaria infraestructura para crecer como zonas urbanas en estilo propio amazónico, será la base para que más ciudades en la región Loreto se consoliden como tal, contando con buenos servicios como luz eléctrica, agua potable, salud, educación, producción y sistema financiero, entre otros.
Todas las grandes ciudades del país, del continente y del mundo, en un momento de su historia fueron pequeñas comunidades que, con trabajo y visión de futuro con políticas claras y promotoras de sus respectivos Estados, fueron creciendo y acentuándose como ciudades completas.
Estas ciudades loretanas de nuestros sueños no necesitan tener millones de habitantes para estar bien constituidas y lograr calidad de vida, que en gran parte con negocios en atractivos turísticos podríamos asegurar en gran medida nuestra subsistencia, lo que tenemos que hacer es prepararnos ya en esa mirada empresarial de la industria sin chimeneas.
Un aspecto previo es que nuestra educación para todas las edades vaya en el sentido de defender nuestros recursos naturales, apostando por el uso racional y sostenido, evitando la contaminación, depredación, sobreexplotación sin pensar en el presente ni en el futuro.
En ese sentido, los planes de manejo para toda actividad extractiva en nuestra naturaleza loretana, debe ser regulada y hacerla respetar, primero por quienes la habitamos y también por quienes vienen a trabajarla desde otros lugares del país y del mundo.
Entonces las ciudades emergentes tendrán un sentido amigable con la naturaleza, y para ello urge la sensibilización y valoración de lo que tenemos a los nacidos en estas tierras, que muchas veces no nos damos cuenta que tenemos una mina de riqueza natural, pero que se puede acabar si no la cuidamos y protegemos.
Nuestro modelo de ciudades debería crear su propia personalidad y dejar de estar tratando de ser una “ciudad europea en plena selva”, o la “Venecia loretana”, ni la “Miami del país”, entre otros apelativos que no avivan nuestro origen amazónico, ni costumbres, ni modas, ni lenguas, ni modo de hablar, de sentir y de vivir, que son un producto turístico invaluable. Atrevámonos a ser nosotros mismos, auténticos, y los resultados serán fascinantes.
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