Se ha iniciado una campaña contra el maltrato infantil propiciado por los padres de familia y el trabajo infantil que parte, también, de los mismos, convirtiéndose así como los primeros explotadores de sus vástagos a quienes obligan a mendigar en lugares donde hay afluencia de personas, a vender baratijas en los vehículos de transporte público y por último a prostituirse para llevar dinero a la casa, donde los padres, muchas veces, son personas de mal vivir, dedicadas al alcohol y la droga.
Los duros castigos que los padres dan a sus hijos cuando estos se portan mal, no estudian o hacen algo que no está bien, también están considerados como excesos que hay que poner fin a fin de no exponer a los niños a posibles daños psicológicos que podrían acarrear terribles consecuencias en el futuro, porque así lo dicen los especialistas y la Ley.
En este punto hay una confrontación entre quienes sostienen que el castigo que sus padres dieron a sus hijos, a lo que se sumaban los castigos en las escuelas a los alumnos que se portaban mal, fue lo mejor para corregirles y que de ellos están agradecidos.
En lo que se refiere a la explotación de menores, cuyas cortas edades no les permiten hacerse cargo de una determinada ocupación, apta solo para mayores, porque se exponen a muchos peligros, las autoridades deberían enfrentar este doloroso problema de forma frontal, identificando a los explotadores, aplicándoles el peso de la ley y condenándoles a prisión, mientras que a los niños explotados acogerles en albergues donde se les forme en valores, con una buena educación y se les rescate para la sociedad. Esto no puede tener miramientos, menos todavía cuando se trata de explotar a menores en la actividad sexual.
Eso debe reprimirse duramente. La principal preocupación de la sociedad deben ser los niños, porque sin ellos no habrá futuro.
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Maltrato y trabajo infantil
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