Escribe: Pedro Mozombite (cronista)
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El pueblo Murui-Muinan? ha sido también conocido como huitoto. Por su tradición histórica y cultural, los Murui-Muinan? han sido relacionados con los pueblos bora y ocaina. Desde el punto de vista lingüístico, este tronco se divide en dos ramas claramente diferenciadas, la rama witoto y la rama bora. Debido a los desplazamientos de poblaciones y al genocidio que empezó durante las dos últimas décadas del siglo XIX con la explotación del caucho, hay una gran confusión en las clasificaciones etnolingüísticas. Algunos investigadores sostienen que se trata de familias genéticamente no emparentadas.
Este grupo se encuentra en la región de Loreto entre los ríos Ampiyacu, Putumayo, Napo, Nanay. También se localizan en Colombia entre los ríos Amazonas, Igaraparana y Putumayo. En Brasil se denominan iitotó.
Los huitotos fueron severamente impactados por la ferocidad cauchera y su población se redujo considerablemente. Desde finales del siglo XVII los misioneros franciscanos establecieron contacto con ellos, pero a causa de la difícil navegación de los ríos en su territorio se mantuvieron relativamente aislados. El primer contacto significativo con el hombre blanco se dio en 1886, cuando a inicios del «boom» cauchero, los patrones entraron en el Putumayo.
En 1901 existían 22 colonias de extracción de caucho en la zona del Caquetá y Putumayo, en su mayor parte en manos de caucheros colombianos. La mano de obra provenía del grupo huitoto. En 1903, el cauchero peruano Julio Cesar Arana era propietario de todos los fundos gomeros y colonias del Putumayo. Ese año, el geógrafo francés Robuchon visito dicha zona, constatando la existencia de casi medio centenar de barracones en los ríos Caraparana e Igaraparana, pertenecientes a su compañía.
En 1907, Julio Cesar Arana desalojo a los caucheros colombianos de la zona y en 1909 logró el control absoluto del trabajo indígena y de todo el territorio situado entre los ríos Caquetá y Putumayo. En 1907, la Casa Arana se transformó en la Peruvian Amazon Company, con sede en Londres, y expidió acciones por un millón de libras esterlinas, si bien la familia Arana seguía manteniendo el control de la empresa.
Cada estación de la empresa tenía bajo su jurisdicción un número considerable de indígenas pertenecientes a diferentes linajes de huitoto. A la cabeza de cada uno de estos barracones se encontraba un capataz, cuyas utilidades eran proporcionales a la cantidad total de caucho producido por aquellos. Bajo órdenes directas del capataz existía un grupo de individuos armados encargados de amedrentar a los trabajadores perseguir a quienes huían, castigar a quienes no cumplían con sus cuotas de producción, además de neutralizar todo intento de rebelión. Destacaban en este grupo los llamados «muchachos», jóvenes indígenas criados por los patrones, armados con fusiles, que desempeñaban un papel central en el control de la población nativa por su conocimiento de la lengua y costumbres de sus paisanos.
Cada familia debía aportar 40 arrobas mensuales de caucho, y eran azotados, mutilados o torturados si la balanza no señalaba el peso acordado. Muchas veces eran condenados a ser encerrados hasta morir de hambre o a ser devorados por los grandes mastines de los patrones.
Como estrategia para impedir cualquier rebelión, los caucheros procedieron al asesinato sistemático de los jefes de linaje, únicos con capacidad de convocatoria necesaria para acometer dicha empresa.
Como consecuencia de los maltratos señalados, en la primera década del siglo XX murieron aproximadamente 30 o 40.000 indígenas, muchos de ellos huitoto, quedando tan solo un remanente de 10.000 individuos de los 50.000 originalmente existentes en el Putumayo.
Posteriormente, como resultado del conflicto entre Perú y Colombia se dio inicio al movimiento migratorio de los huitoto. La Casa Arana traslado a la margen derecha del Putumayo unas 2.000 familias de huitoto, bora y ocaina que, luego se reincorporaron a Colombia, con excepción de los linajes que se establecieron en los ríos Ampiyacu y Napo.
Las comunidades huitoto están integradas por un número importante de familias bora y ocaina. Se encuentran distribuidos en casas multifamiliares o malocas, habitadas cada una por un patrilinaje que constituye el núcleo del grupo residencial.
El jefe o dueño de maloca constituye la autoridad máxima de la misma. Su autoridad se basa en el saber tradicional y, particularmente, en el tipo de ritual que promueve. El dueño de una maloca es, generalmente, «dueño de fiestas» y su perfil se define por el tipo de rituales que haya ejecutado o este en posibilidad de hacer; como tal, es responsable de la seguridad cósmica y practica del grupo, y debe prevenir las enfermedades, propiciar buenas cosechas y cacería, y la multiplicación de la gente.
El más anciano del patrilinaje, que constituye el núcleo de este grupo residencial, es llamado el «dueño de la maloca» y es el conocedor del saber ritual necesario para la realización de las grandes celebraciones.
Asimismo, un individuo no puede contraer matrimonio en un grupo donde miembros de su linaje de su generación, la de su padre o la de su padre del padre, hayan tomado mujer. Todo matrimonio debe ser llevado a cabo entre individuos «socialmente lejanos». Los misioneros han presionado la conformación de matrimonios heterodoxos en relación con las costumbres tradicionales.
Durante los primeros treinta años del siglo XX, debido al acoso de los caucheros, los pueblos indígenas fueron desplazados a otros lugares, y muchos de ellos se vieron en la necesidad de abandonar sus territorios tradicionales. A finales de la década de los años 30, la mayor parte de los supervivientes fueron deportados rápida, masiva y compulsivamente al Perú. En la zona solamente permanecieron unos pocos individuos o familias dispersas que habían escapado a la diáspora o que estaban refugiados en el bosque.
Para los huitoto la tierra está formada por tres mundos: de la Tierra, del Agua y de las Almas. En el mundo de la Tierra, donde vivimos, también hay otros seres que tienen poderes para manejar a los animales, sobre todo monos y aves.
Solo los brujos cuando toman la purga pueden relacionarse con los seres de la naturaleza de tierra y agua. La vida en el mundo del Agua es como en la Tierra, pero solo para la gente del agua. Para que un curandero entre en el mundo del Agua tiene que transformarse en boa. Los espíritus de los brujos se quedan entre los animales, por lo que sus poderes son de animales. En el interior de la maloca se entra en contacto con el mundo espiritual a través de los bailes.
Para invitar a la fiesta que se prepara se envía a las comunidades vecinas el ambil, un concentrado de tabaco, pidiendo como regalo la larva del mojojoi (también llamado suri), que según la cosmovisión huitoto es símbolo de todo aquello en la naturaleza que entraña algún peligro y que será purificado durante el baile.
Las familias huitoto cocinan la yuca y tuesta la hoja de coca, cuyo polvo cernido, mezclado con ceniza de yarumo, se mambeará durante el baile como símbolo de unanimidad y solidaridad. Decorados con el tinte natural del wito y plumas de loros, hacen sonar los tambores cuyo profundo bramido avisa de la fiesta. Los invitados llegan con las larvas de mojojoi amarradas en ramas y sus cantos como estandartes. Sus rimas convocan el espíritu de la selva y piden el bienestar para la comunidad.
Los murui-muinan? son uno de los pocos pueblos indígenas que conocen la técnica para eliminar el veneno de la yuca amarga. Para ello, realizan un procedimiento de prensa y luego cocinan un caldo con la yuca para neutralizar las propiedades tóxicas. Este tipo de yuca es el ingrediente principal para que las mujeres murui-muinan? preparen el casabe o pan de yuca, elemento importante en su dieta alimenticia (Girard 1958).
Referencias:
• P. Mayor, J. Álvarez, J. García y R. Bodmer, “Pueblos indígenas de la amazonia peruana”, p. 395, 1979, Iquitos-Perú.
• https://bdpi.cultura.gob.pe/pueblos/murui-muinani





