Hay una historia de la mitología griega que Albert Camus convirtió en una de las grandes metáforas de la condición humana. Sísifo fue condenado a empujar una enorme piedra hasta la cima de una montaña, solo para verla caer y tener que comenzar nuevamente. Camus terminó su reflexión con una frase provocadora: “Hay que imaginarse a Sísifo feliz”.
En Loreto, a veces parece que llevamos décadas empujando la misma piedra. Reclamamos por el combustible, por las carreteras, por los servicios básicos, por la conectividad, por la inseguridad, por la minería ilegal, por los hospitales, por las obras que no terminan y por la falta de oportunidades. Pasan los gobiernos, cambian las autoridades y muchas de esas demandas vuelven a aparecer como si fueran nuevas.
El problema no es reclamar. El problema es que podemos terminar acostumbrándonos a reclamar sin conseguir cambios de fondo. Nos indignamos, protestamos, hacemos paros, escuchamos compromisos y después volvemos a la misma situación. Y así, año tras año, la piedra vuelve a caer.
Pero Loreto no está condenado a repetir esa historia. No somos Sísifo. Los problemas que enfrentamos no son inevitables ni forman parte de una supuesta maldición amazónica. Muchos tienen responsables concretos, decisiones pendientes, recursos que deben ser gestionados y autoridades que tienen la obligación de responder por lo que hacen o dejan de hacer.
Por eso, quizá hoy la pregunta no sea solamente cuánto más podemos soportar, sino cuánto estamos dispuestos a cambiar. Cambiar la manera de elegir, de fiscalizar y de exigir resultados. No conformarnos con anuncios, fotografías y discursos. Preguntar dónde está la obra, cuánto costó, cuándo terminará y quién debe responder si no se cumple.
Imaginar un Loreto feliz no significa cerrar los ojos frente a sus problemas. Significa creer que podemos resolverlos. Que la protesta puede convertirse en propuesta, que la indignación puede convertirse en vigilancia ciudadana y que el voto puede dejar de ser solamente una costumbre para convertirse en una decisión consciente.
La piedra ya la conocemos. Lo que necesitamos ahora es dejar de empujarla siempre de la misma manera. Loreto merece algo más que volver a empezar cada cierto tiempo. Merece avanzar.
Lo Último
Loreto no puede seguir empujando la misma piedra
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