Una total falta de decencia es lo que impera en los personajes públicos, que por ello mismo, están en la obligación de exhibir conductas intachables.
Es escandaloso tener como representantes del pueblo, en todos los niveles, llámese municipal, regional o congresal, a gente totalmente frágil en su conducta moral, quienes a la menor investigación caen desmoronados y destruidos cual castillo de naipes.
Que congresistas estén involucrados en lavado de activos, no puede dejar de ser condenable por donde se mire. Este tipo de criminalidad organizada determina que el investigado pierda la cuestionada inmunidad parlamentaria, que semeja a una patente de corso para perpetrar actos delictivos.
El lavado de activos se está dando hasta en aquellas personas consideradas en los altos niveles del sector empresarial local y nacional. Hay muchos, a quienes si se les iniciaría una investigación del origen de su riqueza, nos darían desagradables sorpresas, ya que se llegaría a fuentes delictivas como el tráfico ilícito de drogas.
A todo eso, se suma una increíble desfachatez, cuando ellos mismos ponen el grito al cielo clamando inocencia, queriendo demostrar lo imposible, lo que cae por su propio peso, ante evidencias irrefutables.
Enhorabuena que se vaya depurando y limpiando de sinvergüenzas el Congreso, para no tener padres de la patria de quienes avergonzarnos.





