Nadie es capaz de resistirse a los videojuegos. No hablamos ya únicamente de aquellos que hacen referencia a las consolas, si no también a cualquier tipo de juego al que un usuario corriente de telefonía móvil puede acceder con conexión a internet, aunque sea uno casual como un Candy Crush.
Hasta hace no tantos años, la única forma de hacerse con el juego deseado era ejecutando el mismo en la plataforma correspondiente. Sin embargo, a día de hoy, los juegos están al alcance de cualquiera, algunos incluso de una forma totalmente gratuita. Aunque sí es verdad que en ocasiones con algunos “peros” como alguna publicidad un tanto molesta.
Estos juegos se llaman free to play, que significa que podemos jugar gratuitamente. Esto hace que nos preguntemos qué ganan exactamente los creadores con ellos, pero no tenemos que estar más que unos minutos de partida para descubrir la verdad.
Los juegos de videoconsolas suelen incluir ciertos añadidos que reciben el nombre de DLC (Downloadable Content). Estos repositorios se deben de comprar aparte y no resultan especialmente baratos (algunos pueden costar hasta más que el propio juego).
En los juegos para teléfono no se suelen comprar DLCs, si no ciertas funcionalidades aparte. Siguiendo el ejemplo del Candy Crush, el objetivo de los desarrolladores de este juego es desesperar al usuario con niveles cada vez más difíciles. Cada vez que gaste una vida necesitará de veintitantos minutos para recargarla… pero siempre puede comprar algunas y no tener que esperar tanto tiempo. De la misma manera, también se pueden comprar algunas funcionalidades que hagan más fácil pasar de nivel.
¿Qué opina el jugador sobre esta nueva manera de jugar?
La gran ventaja de los DLCs o de estas funcionalidades extra es que no resultan tan intrusivas para el jugador moderno como otras fórmulas. Nadie nos obliga a pagar por un DLC (aunque, en ocasiones, será imposible terminar la historia principal, o conocer los detalles de la misma, si no lo hacemos), o por las funcionalidades para avanzar en un juego para teléfono móvil.
Es cierto que nos veremos tentados una y otra vez para hacerlo, pero no es 100% obligatorio.
Los jugadores que se sienten más tentados por esta nueva forma de jugar suelen tener una edad comprendida entre los 16 y los 35 años, aunque cada vez el abanico es más amplio, incluyendo a personas de cualquier edad.
Los videojuegos actuales y las nuevas fórmulas de juego, no son otra cosa que la evolución de las máquinas tragaperras que empezarían a consolidarse en el mercado allá por la década de los años 90. Sin embargo, estas máquinas eran muy básicas, ya que no incluían ni modos secretos, ni juegos segmentados, ni había forma de pagar por desbloquear ciertas funcionalidades. Cuando el jugador usaba una máquina tragaperras, o iba a una tienda de informática a comprar un videojuego, se encontraba con el título 100% funcional.
A falta de que aparezca un nuevo modelo, todo parece indicarnos que los DLCs y las funcionalidades extra es una alternativa que funciona, y que se seguirán desarrollando nuevos títulos basados en las mismas.






