Por: Augusto “Tito” Rodríguez Linares
CPP – FPP.
Los cocamas, ikitos, mestizos, sanmartinenses, extranjeros o sus descendientes que se afincaron en la parte Sur de Iquitos, se sintieron atraídos por la belleza paisajística del lugar y por la blancura de los arenales que cubrían una gran extensión de toda la zona.
Sobre esos arenales se construyeron viviendas, se hicieron chacras y actualmente piscigranjas que abastecen la gran ciudad en época de escasez de la fauna ictiológica de nuestros ríos.
Hoy, por el rápido crecimiento poblacional del flamante distrito, los arenales están aparentemente desapareciendo porque son las pistas de cemento o de asfalto y las casas que se vienen construyendo, las que los están ocultando, pero… ahí están a pocos metros resistiendo todo el peso del progreso.
Antes que esto sucediera, estos arenales fueron testigos de las inquietudes de hombres y mujeres que deseaban extender su señorío por estos lares. Las largas y calientes caminatas sobre sus lomas y el rechinar de llantas que abrían surcos a su paso, interrumpían su tranquilidad, pero poco a poco las lluvias y el sol le devolvían su tranquilidad y esperanzas.
Miles de toneladas de sus valiosos componentes están hoy regados en toda la provincia integrando la mezcla que proporciona resistencia y durabilidad a las antiguas y nuevas construcciones. Las arenas de San Juan utilizadas en casas y edificios no han desaparecido. Están ahí. Muy cerca a nosotros compartiendo nuestros sueños y esperanzas.
Por esta razón, sugerimos a las autoridades provinciales y con más insistencia a la distrital de San Juan, rendirle un homenaje eterno a las viejas y nuevas arenas de San Juan, especialmente en las fiestas tradicionales, organizando entre los estudiantes y ciudadanos, eventos que resalten su presencia en la vida de nuestros pueblos.
Recordemos que ese trovador que le sigue cantando a la selva como es Raúl Vásquez, pide en sus versos que “el día que yo me muera que me entierren en San Juan, ninguna otra tierra quiero, quiero tierra de San Juan… blanca es la vida, blanca es la muerte, allá allá en San Juan…”





