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Lagunas–Yurimaguas: modernizar el transporte fluvial ya no es una opción, es una urgencia

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Por. Carlos Palomino Medina

El transporte fluvial entre Lagunas y Yurimaguas sostiene la vida económica y social de miles de familias. Es la ruta que conecta mercados, escuelas, centros de salud y destinos turísticos. Sin embargo, este sistema esencial funciona hoy bajo un desorden que compromete la seguridad, la economía y la imagen de toda la región. La inseguridad, la bulla, la impuntualidad y, sobre todo, la falta de autoridad efectiva han convertido al río en un espacio donde las normas existen, pero no se cumplen.
El problema más grave es la inseguridad. Muchas embarcaciones navegan sin chalecos suficientes, sin listas de pasajeros, sin control de carga y sin iluminación adecuada. No se trata solo de informalidad: es la consecuencia directa de que las autoridades de Marina y Transportes no imponen la ley. La fiscalización es esporádica, las sanciones casi inexistentes y los estándares mínimos se han vuelto opcionales. En una región donde el río es carretera, esta ausencia de autoridad pone en riesgo vidas todos los días.
La contaminación sonora es otro síntoma de abandono. Motores sin mantenimiento generan niveles de ruido que afectan a pasajeros, comunidades ribereñas y fauna. La bulla musical en los barcos se ha normalizado a miles de watts, pero sus efectos son reales: estrés, molestias constantes y deterioro del entorno. Sin exigencia técnica ni supervisión, el ruido se convierte en parte del paisaje, aunque perjudique a todos.
La impuntualidad crónica completa el cuadro. Los horarios dependen de la cantidad de pasajeros, del clima o de decisiones improvisadas. Para estudiantes, comerciantes y trabajadores, esta imprevisibilidad significa pérdidas económicas y oportunidades frustradas. Un sistema sin autoridad que ordene y supervise está condenado a la informalidad permanente.
El turismo, uno de los sectores con mayor potencial, es el más golpeado económicamente. Lagunas es una de las puertas de entrada a la Reserva Nacional Pacaya Samiria, pero la falta de seguridad, el ruido y la impuntualidad espantan visitantes. Los operadores no pueden garantizar itinerarios, los viajeros pierden conexiones y muchos optan por no regresar. Cada turista perdido significa menos ingresos para hospedajes, guías, restaurantes, artesanos y transportistas formales. La región deja de captar recursos que podrían dinamizar su economía y generar empleo.
Modernizar el transporte Lagunas–Yurimaguas no es solo mejorar barcos: es recuperar autoridad, proteger vidas y activar una economía que hoy pierde dinero por desorden. El río seguirá siendo la columna vertebral del Bajo Huallaga. La decisión pendiente es si lo navegaremos con dignidad o con las mismas carencias de siempre.

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