Por: José Álvarez Alonso
Había oído hablar mucho del Lago Sauce, así que cuando llegué sentí que ya lo conocía. En realidad son varios los lagos que la caprichosa geología andina ha gestado en esta parte de la selva alta de San Martín, en la margen derecha del medio Huallaga. Al lado de Sauce están Lago Lindo y Lago Limón, de mucho menor extensión; el último tiene aguas salobres porque es alimentado por una quebrada que viene de una de las canteras de sal presentes en esta zona.
El guía que conduce el bote por el lago me habla del pasado glorioso de las pesquerías en Sauce: «Los paiches eran bravazos, te venían a morder el remo de la canoa y te golpeaban con el lomo. Había cantidad, habían aumentado desde que los sembraron en los años 60. Aquí nadie sabía pescarlos. Luego llegó un loretano y casi los acaba, se dedicó a pescar furtivamente con anzuelo para vender en Tarapoto, el pueblo lo descubrió y botó, pero luego de un tiempo volvió a hacer lo mismo, hoy el paiche está en extinción, quedan menos de una docena. La gente aquí es tranquila, si es otro lugar lo habían fondeado al pata.»
Le pregunto del peje menudo. Me dice que hay boquichico, mojarra, acarahuazú, tucunaré, aunque son bastante escasos. Lo que más abunda es la tilapia, pero mucho menos que hace unos años. «Cuanto yo trabajaba con técnico en Pesquería aquí en Sauce, en una noche podíamos sacar hasta media tonelada de pescado. Hoy usan redes arrastradoras mucho más largas, de hasta 150 metros, y apenas sacan 5 o 10 kilos. Por eso está en veda la pesca, pero nadie hace caso, pescan con redes de mallas menudas y cada vez los peces son más pequeños», se lamenta.
La calidad del agua es otro tremendo problema. Me informa mi guía que hace años la transparencia del agua era mucho mayor, se podía ver el fondo en las orillas a más de un metro de profundidad. Hoy la visibilidad no pasa de 20 cm, debido a la eutrofización, esto es, a la sobrecarga de nutrientes, probablemente provenientes de los desagües urbanos de las diferentes localidades de la zona, que provoca la proliferación excesiva de plancton, principalmente microalgas. La deforestación, el uso de fertilizantes químicos para ciertos cultivos exigentes (especialmente cacao y café) y la ganadería que todavía subsiste en las riberas del lago están entre otras probables causas del deterioro de la calidad del agua del lago.
La eutrofización es un problema serio: disminuye la disponibilidad de oxígeno para los peces, lo que puede haber contribuido a la disminución de la pesca, y es un gran limitante para la explotación turística del lago. Antes la gente se bañaba a placer en todas partes, hoy las verdes aguas provocan recelo en los turistas, y con razón: la piel queda de color verdoso luego de unos minutos en el agua, porque las algas se adhieren como una melosa pátina. La pesca deportiva, que podría ser una de las actividades turísticas en la zona, se ve tremendamente limitada por la falta de visibilidad, ya que los tucunares y acarahuazús que buscan los pescadores necesitan visibilidad para acudir a los señuelos. «Ahora los turistas apenas pescan uno o dos peces en un día, no vale la pena», me comenta mi guía.
Un manejo efectivo de las pesquerías del lago produciría beneficios en varios sentidos: incrementaría la producción pesquera para beneficio de las poblaciones aledañas, y con seguridad ayudaría a remediar la proliferación excesiva de algas, pues varias de las especies de peces presentes son filtradoras y se alimentan de plancton. Se podría estudiar también la utilización de otras especies para cumplir esta función, luego de un estudio cuidadoso (que no se hizo para introducir algunas especies de peces en este lago, por cierto).
Pese a todo, hoy el lago Sauce recibe un buen número turistas, mayormente nacionales: en el día de mi visita entraron a la zona unos 120 vehículos (camionetas y minivanes), la mayoría de agencias de turismo de Tarapoto, según los operadores de la lancha ferry o trimarán que hace el servicio a uno y otro lado del Huallaga.
«Podrían entrar muchos más, y de mayor nivel económico, si se cuidase un poco más el lago y su entorno», me dice un guía turístico, especializado en tours por el valle del Huallaga y el Mayo.
En una de las laderas cercanas al lago se observa una tremenda cicatriz, provocada por el masivo movimiento de tierras con maquinaria pesada: «Es un nuevo resort turístico de un empresario pollero», me informa mi guía. Lamentable que para brindar servicio a los turistas se tenga que destrozar el paisaje así, cuando otros albergues turísticos en la zona (observé como media docena) se han integrado perfectamente con el entorno natural.
Los cercanos Lago Lindo y Lago Limón, mucho más pequeños que el lago Sauce, están siendo conservados por empresarios turísticos, que han adquirido los antiguos pastizales y purmas de sus riberas, y están reforestando y favoreciendo la regeneración del bosque. La diferencia en la calidad del agua con el lago Sauce es saltante, y los negocios que genera esta modalidad de uso del suelo son mucho más rentables que las míseras ganancias de una ganadería que requiere dos a tres hectáreas por cabeza de ganado, o unos cultivos de maíz que no llegan a 500 kg/ha…
El lago Sauce es quizás uno de los ejemplos de lo que podría ser y apenas se quedó en eso: podría… Por su ubicación, extensión, clima inmejorable, bellos paisajes, puede todavía convertirse en un emporio turístico… Hoy por hoy, la arcaica y retrógrada visión agropecuaria sigue atenazando la Amazonía peruana, frenando otras opciones de desarrollo más rentables, sostenibles y, con frecuencia, inclusivas. Esto es especialmente cierto en muchas zonas de altas pendientes donde la tala de bosques trae consecuencias nefastas, y a menudo catastróficas, como lo demuestran las sequías e inundaciones que de cuando en cuando arrasan con viviendas y cosechas.





