Rescatar lo mejor del modelo de la lucha contra la delincuencia y la criminalidad del actual gobierno de El Salvador es un evidente propósito de la reunión privada que sostendrá la presidenta Keiko Fujimori Higuchi, con el mandatario salvadoreño Nayib Bukele, a fines de este mes de octubre.
Como en toda gestión muy sensible respecto a la inseguridad ciudadana que hace rato rebasó los límites en nuestro país, hay quienes respaldan a la presidenta Fujimori, y quienes en todo su derecho la cuestionan porque consideran que son las autoridades peruanas las que deben crear su propio modelo.
Respecto a esta postura, cuesta pensar que haya todavía mentes tan cerradas, que se muestren obtusas, para no valorar las experiencias exitosas en determinadas políticas de gestión de otros lugares del mundo, que nos pueden servir como base para construir nuestra propia experiencia desde la realidad que tenemos.
De hecho, no sería un copia y pega, y evitemos subestimar decisiones de nuestro actual gobierno que también son resultados de reuniones del Ejecutivo, y como parte del mismo, la presidenta lo materializa, siguiendo los procesos como la autorización del Senado del viaje al país de El Salvador, así como otra agenda para España.
Es decisivo que los peruanos demos vigor a nuestras coincidencias, como el luchar y erradicar la delincuencia y la criminalidad en nuestro país que nos trae muertes todos los días, generando un trauma social y otras graves consecuencias que a todos nos llega de una u otra forma. Mientras en el proceso se van dando pasos para nuestro propio modelo de erradicación en busca de paz, el modelo del presidente Bukele, debe ser considerado.
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