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La pésima calidad de la educación ¿tiene rostro de maestro culpable? … ¡Los alumnos no saben nada!

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Por: Luís Roldan Ríos Córdova rioscordova2010@hotmail.com

Quiero empezar diciendo que mi computadora no reconoce la palabra harragán, ella me sugiere haragán o  barragán, pero yo no quiero eso pues, yo quiero «harragán», como cuando  decimos «serrrano» con intenciones de ofender. Pero mi computadora no sabe nada, seguro ha estudiado en el Perú con profesores harraganes.

Efectivamente, nuestros alumnos no saben nada, sobre todo si los medimos con la antigua vara. No entienden lo leído y no saben nada respecto a lo básico y a cultura general. Ahora el mejor alumno es el menos malo. El término nada, puede ser una exageración en contadísimos casos. Las clamorosas faltas ortográficas es claro indicador de que no leen nada y los benditos culpables son los harraganazos de maestros. Pregúntenle al gobierno quién tiene la culpa de la pésima calidad de la educación. Es el maestro harragán, te va a responder.  El pueblo traga el anzuelo y percibe que la pésima calidad de la educación tiene rostro de maestro culpable.

Te invito a ver este asunto por una aberturita por donde los tecnócratas del gobierno no quieren mirar y le tapan para que el pueblo no eche un vistazo por ahí.

¿Por qué se culpa al maestro? Porque es lo más económico que tienen los gobiernos para lavarse las manos de todas sus irresponsabilidades.  ¿Dónde queda la culpa del Gobierno y la culpa de los Padres de Familia?  Seamos justos. ¿Por qué sólo el maestro?

¿QUÉ ENTENDEMOS POR SABER, BAJO CUYO CONCEPTO CALIFICAMOS LA EDUCACIÓN DE HOY?

No saben cuantas provincias o distritos tiene Loreto, no saben dónde queda la Patagonia, cuántos metros de altura tiene el Huascarán. No saben con qué pie se desembarcó Colón. Y como no entienden lo que leen si les preguntamos dónde queda Sudáfrica, en el norte de Asia, responden.

La educación era de calidad cuando los alumnos sabían de memoria todo lo enseñado, con el agregado de que muchos salíamos de la secundaria como auxiliares de contabilidad, mecánicos de todo tipo de motores, electricistas, buenos carpinteros, expertos en dibujo técnico, sastres, costureras y otros, listos para hacer empresa y  con amplia cultura general, excelente ortografía, buena letra y capacidad crítica.

Ahora no saben nada. A menos que calidad se entienda solamente al cultivo de talentos en canto, danza, pintura, música, baile y  deporte, que es lo único que les entusiasma, alentados quién sabe, por el cultivo de la «inteligencia múltiple» de Howard Gardner para alejarse de las aulas en busca de pasarla bien hasta llegar a quinto de secundaria. No me preocupa eso en realidad, es bueno en cuanto sea un matiz del estudio, contribuye a la formación integral de la persona y los aleja de los peligros sociales; me preocupa que lo usen como sustituto del estudio serio y responsable.

Percibo en el alumnado flojera para  pensar, todo les aburre, prefieren bailar, hacer deporte, manualidades, por eso no les gusta matemáticas, comunicación, Inglés o no les gusta el profesor que les obliga a pensar. «A ese profesor no se le entiende nada», dicen. Hasta le acusan de maltrato psicológico  si se pone duro y exigente.

El alumno si quiere le hace caso al profesor, especialmente al de poco carácter, le enfrenta; le ignora si éste le llama la atención.  Más atienden al celular que al profesor que se esfuerza por dejarse entender, al final el alumno no capta nada y el que no vale es el profesor. El papá consentidor se molesta con el profesor dando razón al bebé que quiere usar celular en las aulas. Es moderno y necesario, dice papá buenito que muchas veces ni sabe de dónde tiene celular su hijo o hija.  El alumno sabe que el profesor moderno y «buenito» le aprobará porque le ha dado pena desaprobarle, es un niño, dice; va a aprender, concluye. Los no «buenitos» también les aprueban casi a todos, probablemente para no malograr su hígado ante la gran apatía que demuestran por el estudio. Los que están entre los «buenitos» y los «no buenitos» les piden hacer cualquier intrascendente trabajo para aprobarlos, de lo contrario aparecerán como docentes incapaces. El alumno ha aprendido entonces desde la primaria a aprobar sin ningún esfuerzo ni dedicación, haciendo cualquier tontería llega a quinto de secundaria. El sistema no le apoya al profesor exigente, pues tenemos que desocupar el horno aunque los panes estén crudos. ¿Estoy mintiendo colegas?  Claro, hay excepciones tanto de alumnos como de profesores, pero tres apasionados docentes por enseñar y tres alumnos apasionados por aprender no es demostrativo de calidad de la educación.  Me preocupa la mayoría.

Es cierto, los niños no exigidos van a aprender, pero van a aprender que no es necesaria la perseverancia, el esfuerzo, la responsabilidad, el respeto, la puntualidad y la exigencia que son valores, según mi opinión, en las que el niño debe entrenarse desde muy temprana edad en el hogar y en las aulas. Ante tanta blandura, ante al empacho de empatía (tomando la palabra del Director del CNI) los niños están percibiendo que la exigencia es teoría de profesores y padres anticuados y lo van a tomar o ya lo toman como un atropello a su libertad y condición de niño, pues esa es la personalidad que dizqué hay que respetar para demostrar calidad docente, buscando estrategias para motivar al niño, profesor que no hace eso que se dedique a otra cosa, sentencian algunas «eminencias» de la modernidad, probablemente en atención (de repente sin saberlo) a las teorías de economías dominantes, quienes pretenden que los países pobres sean siempre proveedores de mano de obra barata y la educación nunca será peor que la que se brinda en medio de la indisciplina.

Los alumnos modernos se orinan en las normas internas de su Institución. A eso le llamo indisciplina. ¿Serán los alumnos que ahora hacen lo que quieren con las normas de la institución el germen de los adultos que hacen lo que quieren con las leyes del país? ¿Dónde están los padres que apostaban por una juventud disciplinada?  Ahora el alumno si el maestro no se cuelga del techo para motivarle en su clase,  dos de ellos le atiende, al resto le importa un comino lo que está diciendo ese profesor durante la clase y le importa un octavo de shimbillo  salir desaprobado. No temen la mala nota.

Si te pones bravo, no tienes estrategias, dicen las autoridades educativas ante el temor de que los padres consentidores que ahora abundan, vengan en defensa del hijito que se quejó de tener un profesor al que le tienen miedo y que «Por eso ya no quiere venir  al colegio mi hijito, señor Director» El profesor le asusta y no le motiva al nene. Por eso él prefiere prostituirse o irse en malas juntas. Yo no sé si un profesor duro y exigente en las aulas es más peligroso para los alumnos a que éstos  vayan en mancha a las playas en horas de clase con licor y planes sexuales incluidos. Ya no son pocos los alumnos homosexuales que abandonan las aulas para andar en prostitución. ¿Y las niñas? Sabe Dios. Los padres, bien gracias, siguiendo el ejemplo del gobierno anda culpando al maestro sin querer entender que si su hijo prefiere ir a las playas antes de cumplir sus obligaciones escolares es producto de la falta de autoridad, buen ejemplo y una adecuada comunicación  en el hogar. Por esto, la exigencia en las aulas hace que al alumno todo le aburra, la disciplina le parece un atropello.  Al final del año, mamita o papito están tras del profesor para que el nene no salga desaprobado. Incluyo también a ciertos profesores que abogan por el ahijado, el sobrino, el hijo, etc. y comienza el festín de fin  de año del cual los adolescentes deducen «excelentes» mensajes de conducta.

¿CUÁNDO FUE BUENA LA EDUCACIÓN?

La educación de ahora es pésima. Los alumnos se jalonean, se codean con los profesores y auxiliares, gritan, saltan, silban.  ¡Qué coincidencia! La educación era buena cuando el profesor entraba al aula y todos los alumnos guardaban silencio respetuoso.  Si todo tiempo pasado fue mejor ¿Por qué en cuestiones de disciplina en las aulas no se opina igual?

Coincide también la buena educación cuando los estudiantes se sentaban derechitos en sus asientos denotando respeto, optimismo y disposición para el trabajo en el aula. Ahora los alumnos escriben recostados y con la cara posada sobre la mesa, todo lo que significa exigir al cerebro les da pereza, nada les entusiasma a no ser ponerse a jugar…

La educación de calidad de antes coincide con los alumnos que a pesar de tener una educación memorística sabíamos pensar, razonar. Claro, comíamos mejor y no había la televisión, el chateo y el Nintendo. Esto puede ser otra coincidencia con la mala educación de ahora. ¿Podremos convencer al gobierno de esto? No. Le sale caro ocuparse de la nutrición de los alumnos y de contrarrestar científicamente el daño que causa la televisión, el Nintendo y el chateo. Más barato le sale culpar al maestro.

¡Qué casualidad! La educación era buena cuando los estudiantes asistían mañana y tarde y medio día del sábado. Desde que se redujo a la mitad en turnos alternos, la caída de la calidad ha sido una constante y el Estado no ha tenido mejor idea que culpar al primer cojudo que tuvo a la mano, el maestro, utilizándolo como permanente excusa para no pagarle mejor. ¡Qué casualidad! La educación era buena cuando todos mis profesores tenían carro. ¡Qué coincidencia!   ¿Verdad?

Además, cuando la educación era buena todos los estudiantes madrugábamos a estudiar. ¿Es pura coincidencia la calidad de antes con este detalle?  ¿Cuántos alumnos de primaria o secundaria madrugan ahora?

Los padres sólo miran que el hijo no tenga jalados, si sabe algo  o no sabe nada, no le interesa. ¿De dónde les va a nacer a los estudiantes el interés de estudiar para saber? Si los padres dan el mensaje de que sólo deben aprobar, cómo, no interesa. ¿No serán las primeras lecciones de corrupción en el país?  Lo mismo ocurre con muchos universitarios, aprueban cursos comprando parrilladas… ¿O pagando al profesor?

Hoy nada pueden hacer los entrenadores de fútbol con una generación de jugadores, más interesados (como los alumnos) en el libertinaje, el trago y las juergas. Ahí están los resultados restregándonos las narices. Cambiando entrenadores y no conductas.

¿Qué puede hacer un profesor con alumnos a quienes no les interesa ni la A ni la B, sólo aprobar?   Nada. Termina por no amargarse la vida, dejando de ser el buen profesor para convertirse en el profesor bueno.

LIBERTINAJE EN EL USO DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL VERSUS CALIDAD DE LA EDUCACIÓN.

La Inteligencia Emocional es una de las dos formas de conocimiento al lado de la inteligencia racional o «memoria activa». El primero es sentimiento y el segundo es pensamiento. Cuando los sentimientos son intensos la mente emocional se vuelve dominante y debilita significativamente al razonamiento.

Nuestros alumnos ahora tienen libertad para correr, saltar, gritar, silbar cuando quieran y donde quieran, antes, durante o después de la clase, ser impuntuales,  venir al colegio como ellos quieren, no hay normas, ellos ganan, esto significa que ya no hay el respeto por el lugar de cada cosa ni por el tiempo que le corresponde, es decir, un mundo de agitaciones sin control que pasa por los terrenos del uso frenético de las  emociones y esto como todos sabemos interfiere la vida racional de las personas. Ahora aprenden menos, cualquier freno les parece un abuso  y se suicidan más.

Daniel Goleman, doctor en filosofía, afirma que cuando las emociones entorpecen la concentración, queda paralizada la capacidad mental cognitiva, es decir no podemos pensar correctamente, por lo tanto no entendemos nada. En este sentido la inteligencia emocional es una aptitud superior que afecta enormemente a todas las otras habilidades entre ellas la que los científicos llaman «memoria activa» o inteligencia racional.

Se ha dado libertad a los alumnos sin que éste sepa qué hacer con ella. No hay persona, hecho u organización alguna que tenga éxito  sin disciplina. ¿Por qué la educación debe ser la excepción?

Cuando la educación era buena las libertades en las que tendrían que desenvolverse las inteligencias emocionales estaban controladas por la férrea disciplina en los hogares y en las aulas, tal vez haya sido el otro extremo no deseado, pero con todos sus errores era la tradición social de ese entonces y los resultados fueron buenos en cuanto a los objetivos académicos y las conductas sociales de las personas como seres humanos, es decir, la sociedad misma era más disciplinada y más humana que ahora.

Es cierto, no podemos volver atrás, pero el Estado, los profesores, padres de familia y los alumnos, cada quien desde su lugar debe asumir su responsabilidad sin que ninguno sea víctima ni victimario. Está bien que la modernidad haya eliminado el MEMORISMO usado como único medio para interiorizar conocimiento y al CASTIGO FÍSICO HUMILLANTE, pero debe restaurarse la exigencia para lograr capacidades según sus posibilidades y fortalezas, así como el respeto a las normas internas de la institución como praxis ineludible de la disciplina escolar para incubar ciudadanos respetuosos de las leyes manteniendo esa capacidad crítica que teníamos los alumnos de antes quienes además leíamos, leíamos y leíamos.

Los maestros no podemos seguir cargando con la culpa del Estado y la culpa de los padres de familia, sentémonos a analizar juntos, cada quien desde su competencia y responsabilidad bajo la sombra del árbol de la ciencia y la experiencia por una educación sin rostro de maestro culpable.

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