- Escribe: Jhon Rivas candidato a Senador 2026-2031
Qué pasaría si volviéramos a aplicar la Ley de Talión, que resumía su mensaje en “Ojo por Ojo, Diente por Diente”, impregnado en el Libro de Levítico 24: 17-22 del Antiguo Testamento de la Santa Biblia, “Sufrirá en carne propia el mismo daño que haya causado”.
Tal vez disminuiría los altos índices de inseguridad ciudadana sofocante y visibilizados en la delincuencia en todos sus niveles, desde los robos simples, extorsiones, secuestros, hasta los asesinatos por diferentes causas, que asombran y se vuelven algo rutinario sin que las autoridades de turno lo puedan solucionar en sus territorios, y es que en algunos casos ya no estamos hablando de delincuentes comunes y corrientes, arrastrados por la mala necesidad, la drogadicción o el abandono de sus valores y gobernación del facilismo, sino que estamos enfrentando a mafias internacionales, que aplican el terror por medio de armas de fuego y estrategias maquiavélicas para conseguir sus fines de codicia sin que los puedan frenar.
Desear la muerte de alguien no es una bendición, pero acá hay una gran contradicción de la fe, con los valores y las emociones, en los países en los que se aplica la pena de muerte para los crímenes, hay otros delitos a los que se dedican los pillos y villanos, que en su mayoría pasan al alto índice criminal, hoy se atreve a delinquir afectando directamente a otros, pero sí analizáramos que en la Biblia había una ley social avalada por Dios en donde se castigaba con la misma intensidad de lo cometido, nos llevaría en estos tiempos al trabajo de filosofar en las creencias jurídicas y eclesiásticas que tenemos, porque en lo que nos conviene hipócritamente justificamos las aberraciones que hacemos sin meter a Dios en nuestros actos, tildándolos de faltas leves o pecados piadosos, y cuando nadie nos apunta vemos lo que otros promueven buscando el bien o mal mayor, criticamos invocando al Señor, pero ante la Biblia las faltas leves son tan pecados como los otros, como el de ajusticiar matando a otros por un crimen cometido, lo que nos debe llevar a la reflexión de que nos escandalizamos con las reglas más estrictas visibles y somos hipócritas con nuestras aberraciones y falencias, que si las escondemos bien pensamos que nadie nos señalará.
Como país de tercer mundo, en subdesarrollo que depende de las grandes potencias, sin autonomía en su economía y de lo que consume su gente, tenemos que pasar a acciones más estrictas pare frenar la inseguridad en que vivimos y vemos todos los días en las noticias y en las calles, que hasta que no le pasa a uno mismo o a alguien de la familia, somos indiferentes, excusando que nuestras autoridades no deberían aplicar leyes más severas para frenar el descontrol de las bajas pasiones del ser humando de construir o divertirse bajo el sudor de otros, solo cuando nos arrastra la desgracia en piel, lloramos e imploramos justicia a todo costo, sin pensar en la Biblia, en la religión y en nuestras leyes otorgadas y aprobadas, mas ahora por este nefasto congreso y avalado por este gobierno desacreditado.
El ser humando está perdiendo cada vez más su esencia divina, pasándose más a sus raíces animalescas y salvajes, dejando el bienestar grupal para dedicarse a su individualismo egoísta y mezquino, entrando a ese salvajismo de sobrevivencia del más fuerte; toca orar a Dios por justicia, que dependerá de las normas y leyes que se tengan como país para poder ver y sentir su existencia.
Hoy, el creciente desorden normativo generado por la alta producción legislativa del Congreso saliente (2026), con más de 60 modificaciones al Código Penal y normativas conexas. Están destruyendo nuestro sistema e institucionalidad jurisdiccional, ya que estas reformas han impactado de manera significativa figuras esenciales como la prisión preventiva, la detención preliminar y la tipificación de la criminalidad organizada, además de delitos graves como el sicariato, el feminicidio y la violación sexual.
Nos permitimos este análisis, que buscará identificar vacíos legales, contradicciones normativas y excesos que puedan estar o estén obstaculizando la correcta aplicación de la justicia tan añorada, además considero que se debe aplicar reformas que se ajusten a los estándares internacionales y recomendaciones de organismos especializados en derechos humanos y justicia penal. Así mismo, planteamos realizar una revisión técnica y especializada que contribuya a establecer un equilibrio adecuado entre la seguridad y la protección de las libertades individuales, asegurando que las políticas de medidas de prevención y sanción drástica respondan eficazmente a la realidad social y las tendencias globales en materia penal; plasmado dentro los Objetivos de Desarrollo Sostenible N° 16 “Paz, Justicia e Instituciones Sólidas”.