Inclusión deseada

Es necesario ponerse en el lugar de la otra persona para comprender su gran necesidad, o por lo menos para ser tolerantes, así evitar rechazos que a nadie le gustaría sufrir si la vida en esta tierra le ha puesto determinadas condiciones desventajosas en el contexto social, para desarrollarse.
Es duro hablar y reconocer cómo alguna vez en la vida nos hemos reído de la discapacidad de alguna persona, cuando la miramos caminar de una forma descomunal por una cojera o problema mayor. Puede sonar inofensivo si apelamos a la broma, pero la persona que lo vive no lo recibe de la misma forma, generalmente.
Similar situación de los gagos, de quienes padecen de tartamudez, o de sordomudos, ciegos, retardados mentales, entre otros, que han “inspirado” bromas de pésimo gusto para nuestro entender y hasta de una crueldad que no se debería permitir, pero hasta el Estado es cómplice cuando no regula programas “cómicos” que hacen mofa de personas con estas características naturales o adquiridas después del nacimiento.
Entonces una forma de entender que son personas con los mismos derechos que cualquiera y que merecen todo el respeto del mundo, es a través de la Educación Inclusiva desde los más pequeñitos hasta el seguimiento en todas las etapas de la vida, para convertirse en adultos que se valgan por sí mismos.
Es un aprendizaje en paralelo donde aprenden los padres, madres y el entorno familiar y de amistades, pero, no todas las personas están de acuerdo con la inclusión, porque hasta increíble que parezca, existe gente que los quiere apartar al considerarlos poco aportantes, lo cual no es cierto, hay mucho talento también entre ellos y ellas.
Por eso es muy importante que se promueva el respeto por la diferencia, la escuela debe constituir un lugar de apoyo y bienvenida a todos sus estudiantes. Esto nos lo recuerdan los especialistas educativos que vienen celebrando esta semana el Día de la Educación Inclusiva y la Persona con Discapacidad.
En el Perú se inició en el año 2000 con la educación inclusiva en las escuelas públicas, para que las mismas transformen su organización, los recursos y el currículo para poder aceptar, acoger y educar a los niños adolescentes, jóvenes y adultos, que son en la práctica estudiantes con necesidades educativas especiales en las escuelas regulares, alternativos y técnicos. Simple, porque también tienen derecho.