La idea es sencilla, práctica y realizable. Se practicó con más dedicación hace unas cinco décadas, y de hecho un tiempo más atrás. Nos referimos, ya lo captaste desde el título, sí, a esos huertos que nuestras madres y padres, recordando su niñez en la chacra, lo replicaban en este pueblo Iquitos que empezaba a nacer como ciudad. Y lo hacían en la huerta y otros desde el patio delantero de la casa.
En la huerta teníamos plátano, culantro, hierba luisa, tomate, toronja, coco, limón, ají dulce, hoja de bijao, gallos, gallinas y patos, etc. Esto en las huertas un poco grandes. En las más pequeñas algunas de estas opciones. Y eso que como no había la tecnología piscícola actual, hasta hubiéramos podido tener piscigranjas.
Esto lo que se hacía antes, es lo que ahora se denomina «seguridad alimentaria», también le dicen «huertos familiares», igual que «huertas productivas». Lo que ha sucedido en el paso del tiempo, es que la mal llamada civilización nos ha ido alejando de costumbres que debieron prevalecer y perfeccionarse, porque se trata del consumo para el hogar.
Otro detalle también que originó que esta costumbre productiva a pequeña escala para consumo familiar vaya desapareciendo, es la tendencia a tener casas sin huerta, quizás imitando a casas de otras realidades que el tiempo nos ha dicho que no combinan con la nuestra. El verdor de la selva debió siempre permanecer en nuestro entorno, con estas muestras de cultivo y crianza, para autoconsumo.
Se está motivando a regresar a esas prácticas, pero obviamente adaptada a la realidad actual sobre todo en el aspecto de espacio y salubridad. Se ha visto casas que en macetas colocadas en el balcón cultivan ají charapita, otros hasta sábila. Es cuestión de qué necesidad uno desea cubrir y que le implique un ahorro al no adquirirlo fuera, sino, cogerlo en casa.
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Huertos productivos
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