Es bien sabido que por estas épocas de las más grandes celebraciones, campean el peligro y la inseguridad que no vienen solas, sino acompañadas de situaciones nada agradables, las mismas que ensombrecen la luminosidad de los festejos.
En Navidad y Año Nuevo es cuando más cuidado hay que tener no solo con los niños y la manipulación de artefactos pirotécnicos, que siempre han sido causantes de accidentes de grado mayor porque las quemaduras están acechando al menor descuido. Por eso es necesario llamar la atención de los padres de familia para que no permitan que sus niños jueguen con estos explosivos que se ponen de moda en su uso la noche buena y en el advenimiento del nuevo año. Por otro lado, en las mismas celebraciones se dan casos de embriaguez, los que sumados con el manejo de vehículos motorizados, especialmente motocicletas, se convierten en una exposición letal, al mezclar alcohol con velocidad. Es entonces que las recomendaciones de todo el tiempo se hacen presentes, aconsejando a la población a no hacer uso de vehículos si es que se ha bebido moderada o generosamente. Los tragos hacen su efecto inmediatamente luego de haber sido tomados, lo que desequilibra las funciones motoras y los reflejos que se ven adormecidos y disminuidos, lo que concluye en accidentes graves sino fatales.
Más allá de las medidas que se tomen al dejar la casa o apuntalar la seguridad del negocio, está la delincuencia que no duerme y que echa mano a toda clase de artimañas para perpetrar sus ataques a la propiedad privada. En estos casos, muchas veces, ni la presencia policial es suficiente para ofrecer seguridad al vecindario, por lo que se recomienda no dejar sola la vivienda, porque hay ojos y manos que se mueven con gran rapidez para llevarse las cosas.
Así entonces, siempre habrá un empañamiento a las fiestas, sea por una u otra cosa. Queda en cada uno saber eludir los posibles problemas que se puedan presentar y pasar las fiestas de la mejor manera, en paz y felicidad.





