- El pueblo Awajún, también conocido como Aguaruna, representa el segundo pueblo indígena amazónico más grande del Perú, después de los Ashaninka.
Escribe: Pedro Mozombite – (Cronista)
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Antiguamente, los Awajún preferían ubicarse en pequeñas quebradas dado el peligro de ser atacados por los Wampis; sin embargo, desde el cese de hostilidades algunas comunidades han comenzado a asentarse a lo largo de grandes ríos (Brown, 1984).
La historia de los Awajún más remota está vinculada a la cultura prehispánica Moche, desarrollada entre los años 200 y 700 d.C. en la costa del Perú. Es posible que un sector haya sido vecino de los moches, quienes habrían llegado a la selva amazónica para obtener el oro con el que trabajaban su orfebrería. (Regan, 2010; Ministerio de Cultura, 2015).
Se sospecha que esta etnia tuvo contacto con el imperio inca, específicamente, durante los dominios de Túpac Yupanqui y Huayna Cápac. Sin embargo, la conquista inca no tuvo éxito en el territorio Awajún (Ministerio de Cultura, 2015).
En la cultura Awajún existían desde tiempos ancestros diversidad de actividades masculinas como son la guerra, caza, pesca, fabricación de herramientas, canastas y tejidos, construcción de viviendas, entre otras y las actividades femeninas dedicadas principalmente a la crianza de hijos, animales y plantes, y fabricación de cerámica, entre otros oficios domésticos.
El masato ocupa un papel importante en la vida social de los Aguaruna. Este es un producto “de mujeres” ya que está hecho a base de yuca, alimento que está preparado tradicionalmente por la mujer.
El suicidio era una práctica muy común en la cultura Awajún. Por ejemplo, los hombres recurrían a este cuando se les negaba la posibilidad de casarse con una mujer o cuando cometían alguna falta que implicaba el rechazo de la comunidad.
Desde 1970, ya habían abandonado la regla del matrimonio entre primos cruzados. Según CARE Perú (2009), en 1978, aproximadamente el 15% de las uniones eran poligámicas y, de estas uniones, el 64% eran poligamias sororales, es decir, las esposas eran hermanas entre sí. Hoy en día, ya no se encuentra este tipo de uniones.
Una de las ceremonias más conocidas es la preparación de las tsántsa (cabezas reducidas). Antiguamente, cuando un guerrero Awajún asesinaba a un enemigo Wampis, cortaba rápidamente la cabeza de la víctima en la base del cuello. Este llevaba la cabeza colgándola a su espalda con una soga. Después de haber avanzado un largo trayecto, el grupo se detenía para empezar la preparación del tsántsa. El cráneo era retirado cuidadosamente para mantener únicamente la piel y cabello. Luego, este era hervido por aproximadamente media hora.
La alfarería Awajún es uno de los artefactos culturales más particulares de los pueblos amazónicos. Físicamente, tienen la apariencia de vasijas simples usadas para fines domésticos: para cocinar, para hacer fermentar el masato, para servir la comida, entre otros. Las tazas para servir masato eran decoradas con dibujos geométricos figurativos (Brown, 1984).
Los Aguaruna se asientan en el norte de la Amazonia peruana, en territorio fronterizo con Ecuador. Comprende cinco pueblos principales que comparten una misma tradición lingüística y cultural: achuar, awajún o aguaruna, kandozi, huambisa y jíbaro.
Esta tribu derrotó a los conquistadores españoles. Es la única nación indígena de América que conserva casi intactas sus costumbres. Fueron los españoles quienes les dieron el nombre de jíbaro o xivaro como sinónimo de salvajes, horrorizados porque después de matar a sus enemigos practicaban el ritual del tsantsa. Aguaruna significa “hombre de agua”. La hipótesis alternativa que explica la denominación de aguaruna consiste en que proviene de una combinación quechua que significa “hombre tejedor”.
Se encuentran entre los ríos Marañón, Cenepa, Chinchipe, Nieva, Mayo, Potro y Bajo Santiago, en las Regiones de Amazonas, Loreto, Cajamarca y San Martin. Descienden de los jíbaro, guerreros formidables que defendieron incansablemente su libertad y que, por lo mismo, se mantuvieron durante mucho tiempo fuera del alcance y conocimiento del hombre occidental.
El paso del tiempo ha determinado que, en gran medida, awajún y wampis (huambisas) se mezclen y conformen un solo pueblo. Aunque por tradición son nómadas, un gran contingente se asentó en lo que hoy es el Valle del Alto Mayo, en la Región de San Martin.
Los conquistadores españoles tuvieron sus primeros contactos con los jíbaro cuando fundaron Jaén de Bracamoros en 1549, y poco después Santa María de Nieva. Sin embargo, el objetivo de estos colonizadores era la explotación de los depósitos de oro de la región, para lo cual comenzaron a esclavizar a la población indígena. Como resultado, se produjo la gran rebelión jibara en 1599, perdiendo los españoles el control de la región por muchos años.
Hacia 1600 se efectuaron varios intentos por conquistar a los jíbaro. Ante una sucesión de fracasos, en 1704 se prohibió a los jesuitas continuar con su labor misionera entre estas poblaciones. Posteriormente, al ser expulsados por la Corona, se perdió el avance logrado. La Guerra de la Independencia en el siglo XIX, interrumpió la acción misionera en la selva, y los jíbaro quedaron fuera de contacto hasta mediados del siglo XX.
En 1865 el Gobierno peruano estableció una colonia agrícola en San Francisco de Borja, que fue destruida en un ataque de los awajún huambisa un año después. El periodo del caucho golpeo en menor grado a los grupos jíbaro que al resto de los grupos nativos amazónicos. En 1949, la Orden Jesuita estableció su misión en Chiriaco. Desde entonces, la población awajún ha venido recibiendo educación.
En los años 80s, los conflictos fronterizos con Ecuador han afectado también la vida de un importante número de comunidades. En la actualidad viven en la provincia de Condorcanqui y forman un consejo awajún con alcaldes en Distritos como el Cenepa, Santa María de Nieva y Río Santiago.
Actualmente, gran parte de los awajún practican la agricultura comercial vendiendo cacao, plátano, arroz y otros productos. La elaboración de tejidos es una actividad importante para el hombre, mientras que las mujeres se dedican más a la alfarería.
En la zona del Alto Mayo cultivan arroz en terrenos irrigados por pequeños canales, habiéndose abandonado las técnicas agrícolas tradicionales, lo que ha llevado en esta zona a la apropiación individual de la tierra y a una nueva organización del trabajo.
La lengua jíbara consiste de dos lenguas emergentes: la jíbara propiamente dicha, hablada en Loreto y Ecuador. La otra lengua es la awaruna o awajún, hablada en la región de Amazonas, Perú. La lengua jíbara es una de las lenguas más populosas de las tierras bajas de Sudamérica.
En su mundo interior, el awajún cree en cinco dioses: Etsa o el padre Sol, destructor de un demonio de la génesis del mundo, llamado Ajaim; Nuglui, o madre Tierra, que le da el cultivo y la arcilla para la ceremonia; Tsugki o madre del agua o del rio, que vive en los rios; Ajutap o padre guerrero, un alma de los combatientes antiguos que transmigra continuamente; y, Bikut, o gran filósofo awajún, un legendario ser que se transforma en el toe (planta alucinógena que mezclada con la ayahuasca les hace conectarse con otros mundos superiores).
Para ellos, la selva está llena de almas, de hombres transformados en árboles o en animales. Curiosamente, para ellos, el Shapushico o Chullachaqui, (“madre del monte”) es una entidad protectora de la naturaleza.
Sus ceremoniales místicos con toe y ayahuasca les permiten coloridas visiones de la selva, pues guardan un respeto profundo y sagrado a la Madre Naturaleza.
Fuente:
• P. Mayor, J. Álvarez, J. García y R. Bodmer, “Pueblos indígenas de la amazonia peruana”, p. 277, 1979, Iquitos-Perú.
• https://bdpi.cultura.gob.pe/pueblos/awajun






