Una frase original peruana dice “está en la luna de Paita” para referir que una persona o muchas están fuera de contexto o en su efecto viven una irrealidad dentro de un mundo real. Esa sensación tenemos luego de que el cohete Starship explotó el jueves de esta semana en los cielos de Texas, en Estados Unidos.
Esta nave espacial es parte de una misión de que tiene como objetivo lograr que con naturalidad puedan llegar a la Luna y Marte, personas de cualquier parte de la tierra. Se entiende como algún paquete turístico galáxico de ida y vuelta, o quizás en busca de refugio, que es otra probabilidad.
Los responsables de este ensayo, muy a pesar de la explosión de la nave, consideran que, al ser la primera vez, el despegue ha sido exitoso logrando ascender hasta casi 40 kilómetros. La nave fue concebida por la empresa Spacex del multimillonario Elon Musk, que invierte en este proyecto.
Si bien, cada cual hace con su dinero lo que le da la gana, es a todas luces contraproducente el gasto de millones para un proyecto que se plantea llevar humanos fuera de la tierra, cuando no sabemos si hasta que ello ocurra la tierra será realmente habitable, mientras que la luna y marte son inhabitables todavía, y se tienen que dar muchas condiciones para que ello sucediera algún día.
Lo contraproducente radica que en lugar de preocuparnos por salvar la tierra que vivimos y tiene todas las condiciones naturales y hasta las establecidas por el hombre y mujer para vivir con lo suficiente durante el período biológico que nos compete, se viene gastando de una forma que se podría considerar un derroche.
En definitiva, a la gente que piensa así, bien se le puede aplicar nuestra popular frase nacional que “están en la luna de Paita”. Y a pesar que los científicos de diferentes ramas nos lo advierten respecto a la vida en nuestro planeta tierra, que cada vez es menos sostenible, no hay una postura firme a nivel de todos los países por combatir lo que la hace daño.
Hay organizaciones que advierten de las posibles calamidades, declaraciones de países, firma de pactos, etc, para salvar al planeta, pero resultan insuficientes por falta de presupuesto y de decisiones que sacrifiquen las industrias que contaminan y destruyen la tierra, o de reemplazarlas en el más breve plazo con tecnologías llamadas, limpias.
Una simple muestra es el uso de la energía solar para la generación de electricidad. Casi nadie mira con absoluta decisión el tema por el negociado que existe con los combustibles para el funcionamiento de las plantas eléctricas. Todo a costa de nuestra autodestrucción. Se espera inversión en las investigaciones e instalación de tecnologías accesibles que aporten a la calidad de vida y al cuidado del planeta. Estamos a tiempo.
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“Están en la luna…”
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